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Surinam: guerra de etnias

Desde que en 1975, Surinam es declarada República independiente de los Países bajos, su proceso a la democracia fue bastante controvertido cuando un golpe de Estado, por parte del militar Desirée Bouterse, depone el gobierno del Primer Ministro Henck Arron. De esta forma Bouterse comienza una dictadura de 1980 a 1988, donde los derechos humanos fueron vulnerados. En la edición de mayo de 1982, VISIÓN abordó el conflicto de estos suramericanos que tuvieron que sufrir graves episodios políticos. Lo curioso de todo es que el dictador Bouterse, luego de muchos y venires es hoy día nuevamente el líder de esa nación, elegido democráticamente.

“Conseguida la independencia en noviembre de 1975, el democristiano líder del NDP, Henck Arron, condujo el país como primer ministro, hasta que en febrero de 1980 suboficiales descontentos con sus condiciones socioeconómicas, encabezado por el entonces sargento Bouterse, dio un golpe de estado y asumió el poder”

“Conseguida la independencia en noviembre de 1975, el democristiano líder del NDP, Henck Arron, condujo el país como primer ministro, hasta que en febrero de 1980 suboficiales descontentos con sus condiciones socioeconómicas, encabezado por el entonces sargento Bouterse, dio un golpe de estado y asumió el poder”

Un pequeño país, sudamericano, mas no exactamente latinoamericano, es sacudido por virulentos alzamientos  guerrillas con fuerte tinte étnico, que por otra parte no son, con exactitud, choques raciales como han ocurrido en África o Asia, sino conflictos políticos de más puro estilos…  podría decirse latinoamericano.

El país en cuestión es Surinam, la antigua Guayana Holandesa, una de las tres Guayanas que permanecieron atadas a sus metrópolis  la francesa es un departamento de Ultramar hasta bien entrada la segunda mitad de este siglo.

Independiente desde 1975, lo que fue la Guayana Holandesa 163 mil kilómetros cuadrados y 400 mil habitantes  adoptó el nombre autóctono de Surinam (dado por una de sus tribus, los surinas), en un afianzamiento de su identidad que no se ha traducido ni mucho menos en confirmación de estabilidad política y ni siquiera de su viabilidad como país.

El fenómeno de la guerrilla, al que parecían predestinados en este continente solo los países iberoamericanos apareció en 1986 en lo que por siglos fue suelo neerlandes.

Ocurrió que contra el entonces gobernante militar de la pequeña república el teniente coronel Desirée Bouterse, se alzó  en armas un ex soldado, ex miembro de su guardia personal, Ronny Brunswijk.

Brunswijk llevó a la lucha a 200 o quizás 300 ¨bushnegroes¨ que, como él, son descendientes de africanos que fueron esclavos de colonos holandeses y, a lo largo de los siglos, huyeron a la selva surinamesa para crear comunidades libres, casi autárquicas, medio animistas.

Esa lucha se detuvo el pasado 21 de julio, al firmarse un acuerdo de paz. En la mitad del camino  – Enero de 1988 – se había establecido un gobierno civil en reemplazo del militar Bouterse.

Pero más recientemente el 31 de agosto último, docena de aborígenes indios, opuestos a sus concesiones ¨eternos rivales ¨ bushnegroes, se alzaron en armas contra el gobierno civil, que coincidió con tesis del ejército.

Independientemente del desenlace, esta vez quedan a la mitad de camino los esfuerzos de desarrollo, la actividad económica – Surinam es un importante productor de bauxita, alúmina y aluminio—, la ayuda holandesa y la posibilidad de que, mediante sus relaciones privilegiadas con La Haya, el novel país pueda insertarse ventajosamente en los proyectos hacia el tercer mundo que se adelantan en Europa, en el marco de su integración como mercado en 1992.

La clave

“Ronny Brunswijk llevó a la lucha a 200 o quizás 300 ¨bushnegroes¨ que, como él, son descendientes de africanos que fueron esclavos de colonos holandeses y, a lo largo de los siglos, huyeron a la selva surinamesa para crear comunidades libres, casi autárquicas, medio animistas”

“Ronny Brunswijk llevó a la lucha a 200 o quizás 300 ¨bushnegroes¨ que, como él, son descendientes de africanos que fueron esclavos de colonos holandeses y, a lo largo de los siglos, huyeron a la selva surinamesa para crear comunidades libres, casi autárquicas, medio animistas”

De momento, Surinam no es nada parecido a un punto neurálgico del continente, como Panamá o Colombia, ni a un problema estratégico. Pero su sola presencia limítrofe con la Guayana Francesa, donde está el centro espacial francoeuropeo de Kuru  el de los cohetes Ariane, da una idea de por qué se le desea intensamente como tierra de paz y no de beligerancia.

Surinam es casi un cuadrado entre el Atlántico, Brasil, la Guayana Francesa y Guyana, antigua colonia británica. Meseta cubierta por selva tropical, cruzada por ríos de buen caudal y potencial hidroeléctrico. Las principales actividades son la extracción de bauxita, las industrias de alúmina y de aluminio, la actividad forestal, el cultivo del arroz y la pesca, aunque de sus recursos marinos en alta mar se aprovechan fundamentalmente barcos de origen asiático.

Como consecuencia de la virtual guerra civil y de la caída de los precios internacionales de los productos básicos, las cuentas del país están en rojo desde 1985. Casi la mitad de la población es “criolla”, mestizos y mulatos. Un tercio se reparte por mitad entre inmigrantes indostanos y javaneses. Un 12 por ciento es negro, tres por ciento amerindio y el resto son blancos o chinos.

Paramaribo, la capital, tiene más de 100 mil habitantes. Al evolucionar políticamente la colonia bajo la dominación holandesa, las distintas etnias respaldaron partidos políticos más o menos “raciales”: los mestizos en el Nacional (NDP), los indostanos en el Progresista Reformado (VHP) y los javaneses en el Unión y Armonía (KTPI).

Historia reciente

Conseguida la independencia en noviembre de 1975, el democristiano líder del NDP, Henck Arron, condujo el país como primer ministro, hasta que en febrero de 1980 suboficiales descontentos con sus condiciones socioeconómicas, encabezado por el entonces sargento Bouterse, dio un golpe de estado y asumió el poder.

Gobierno de orientación confusa y de mano crecientemente dura, Bouterse se ganó la enemistad de Holanda y demás democracias occidentales por sus posturas tercermundistas, su acercamiento a Cuba y por la represión de la oposición política y sindical. En diciembre de 1982 fueron detenidos 16 líderes sindicales. Quince fallecieron bajo las balas del ejército, supuestamente al intentar escapar. Holanda y Estados Unidos suspenden toda ayuda económica.

Con la invasión a Granada en octubre de 1983, Bouterse “puso las barbas en remojo” y enfrió las relaciones con Cuba. Luego comenzó a hacer agua el bote de la economía, por el retiro de la ayuda extranjera y la caída de los ingresos por exportaciones.

Y en julio de 1986 apareció la guerrilla: atentados dinamiteros, ataques a puestos militares y policiales, toma de poblados, imbricación de la comunidad bushnegroe en la lucha, sabotaje a plantas industriales y equipos de servicios y transporte, secuestro de barcazas y avionetas. Bouterse pensó en traspasar el poder a los civiles, y para ello debió buscar a los tradicionales partidos, además de crear uno con un puñado de fieles, el Nacional Democrático (NDP).

La actividad guerrillera, mientras tanto, expelió hacia la vecina Guayana Francesa a miles de habitantes del este surinamés y dio lugar a conflictos entre Paramaribo con Holanda y Francia, pues el gobierno de Bouterse sostuvo que había complicidad holandesa y francesa en el sostén de la guerrilla.

Con parte del país bajo estado de sitio y la intermitente actividad guerrillera el conflicto y su represión costaron 500 vidas y se preparó una nueva Constitución en 1987, en noviembre se realizaron elecciones para un Parlamento.

Cuatro quintas partes de la Asamblea, de 50 escaños, fueron ganadas por el Frente para la Democracia y el Desarrollo (FDD), coalición de los  tres conglomerados tradicionales. El PND apenas consiguió tres bancas y otros pequeños partidos se repartieron las tres restantes. El Parlamento eligió al agrónomo Ramsewak Shankar (NDP) como presidente, a Henck Arron como primer ministro y a Jaggernath Lachmon (VHP) como presidente de la Asamblea, posesionándose todos en enero de 1988. Bouterse retuvo la jefatura del ejército.

El nuevo régimen normalizó las relaciones con Holanda pactándose una reanudación de la ayuda y Francia. La actividad guerrillera fue declinando, siendo muy escasa en 1989, y el pasado julio se firmó la paz en Kuru, mientras por otra parte crecían las diferencias entre el ejército y el gobierno civil.

Rebelión tras rebelión

Tres días después de firmada la paz, Bouterse protestó el acuerdo y señaló que al menos uno de sus artículos era inconstitucional. Sus oficiales le acompañaron y el enfrentamiento verbal gobierno ejército continúa en términos tales que se podría pensar en un golpe de estado inminente.

El problema o el pretexto surgió debido a que el acuerdo de paz prevé que los guerrilleros de Brunswijk pueden integrarse en un cuerpo de policía rural que se creará, encargado de cuidar el este y sur donde viven los bushnegroes.

“Independiente desde 1975, lo que fue la Guayana Holandesa 163 mil kilómetros cuadrados y 400 mil habitantes adoptó el nombre autóctono de Surinam (dado por una de sus tribus, los surinas)”

“Independiente desde 1975, lo que fue la Guayana Holandesa 163 mil kilómetros cuadrados y 400 mil habitantes adoptó el nombre autóctono de Surinam (dado por una de sus tribus, los surinas)”

En medio del escarceo verbal irrumpió entonces la comunidad indígena, o amerindios, geográficamente ubicados en el oeste y noroeste del país en el extremo opuesto a los bushnegroes con grupos que se sublevaron contra los privilegios concedidos a los descendientes de africanos.

Por su parte, la autodenominada organización indígena Toekajama tomó los puestos policiales y militares del noroeste fronterizo con Guyana, secuestro una avioneta, un ferry-boat, barcazas cargadas de arroz y, armas en mano, controlaron el tránsito en la zona.

Ante la relativa complacencia del ejército  cuyos puntos de vista coinciden con Toekajama—, el gobierno de Shankar y el Parlamento iniciaron negociaciones en el nuevo frente.

Como texto extraído de una proclama surrealista, la guerrilla de Brunswijk ofreció al gobierno atravesar el país para ir a reprimir a los indios alzados en armas, ya que el ejército se abstenía. Shankar rechazó la oferta.

Con poca experiencia como nación, Estado, gobierno y como ejército interactuando con tan abigarrada sociedad civil, Surinam pasa por el difícil trance de probar que es viable políticamente, para entonces retomar, serenamente, en paz y con ayuda de su ex metrópoli, la vía del crecimiento.

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