Fracaso de la derecha y la izquierda latinoamericana

Fracaso de la  derecha y la izquierda latinoamericana

América Latina enfrenta actualmente una ola de protestas, que ha desatado un estallido social que se extiende por varios países, producto de las desigualdades sociales que cada día son mayores en el continente.

Ecuador, Bolivia, Chile y Colombia, han realizado multitudinarias marchas, pero también violentas manifestaciones que han dejado ver el descontento de los ciudadanos, con graves consecuencias económicas en pérdidas materiales a causa del vandalismo y los desórdenes que se han presentado.

Ni los  gobiernos de derecha ni de izquierda han sido capaces de satisfacer las expectativas de los ciudadanos. Una de las razones es que cada vez hay una mayor concentración del poder en pocas manos, con altos niveles de corrupción de ambos lados, lo cual ha derivado en una pérdida de confianza. Las  ideologías perdieron su esencia, y en la práctica lo que prevalece son los intereses personales de los mandatarios de turno. La corrupción es la constante, independiente de qué tipo de gobierno esté en el poder.

Ante las manifestaciones, la forma de ejercer el poder no es adecuada, pues se ha perdido la capacidad de conversar y la salida fácil es calificar las marchas como una maniobra del Foro de Sao Paulo, dice la derecha. Que es culpa del gobierno Norteamericano asegura la izquierda, y en medio de esa polarización el ciudadano se siente secuestrado, extorsionado por el Estado al que solo le interesa exprimirlos con cargas impositivas y sanciones confiscatorias que generan un sentimiento de frustración y ansiedad.

El fenómeno de estas concentraciones ha sido objeto de análisis por parte de muchos analistas, porque se está gestando una transformación en cuanto al tipo de ciudadanía. Muchos han dicho que se trata de una descarga de ira de los pueblos  causada por la impotencia de no recibir respuestas a sus necesidades básicas acumuladas durante décadas.

En cada país existen distintas causas, pero tienen un común denominador, las personas han dejado de creer que sus demandas se resuelven a través del modelo democrático porque no lo consideran un instrumento legítimo de respaldo. Las protestas no son solo hacia los presidentes de las naciones, sino contra los distintos Congresos que legislan para una minoría.

Por tanto, ante las falencias de las instituciones se cree en que la única manera de presionar a los gobiernos de turno es ir a las calles. Estas protestas se han transformado no son las mismas de hace veinte años. El mundo ya no es el mismo. Los jóvenes tienen un papel fundamental en esto.

La inmersión en las redes sociales y el acceso a la información hace que los ciudadanos se sientan empoderados y con una visión más personal de la realidad y de las injusticias sociales que se viven en latinoamericana.

Varios analistas coinciden en que hay varios factores en común: la poca credibilidad en los partidos políticos que por décadas no han cumplido con las promesas a sus electores, la ausencia del Estado y sus instituciones, que solo se hace visible a la hora de  reclamarle  al ciudadano sus deberes pero que poco le interesa su bienestar. Acorralado, extorsionado, el pueblo se lanza a las calles.

Una de las razones que se ha visto en algunos países como Chile y Ecuador fue que cuando hubo necesidad de hacer reformas económicas lo hicieron con arrogancia y no sensibilizaron previamente al pueblo ni le explicaron, el porqué de las medidas que se estaban adoptando, olvidando que el constituyente primario es y será la base de la democracia.

Lo que se ha podido concluir es que en general hay un descontento con los modelos económicos que no llenan las expectativas en cuanto a las necesidades que están demandando el pueblo y en especial la clase media y baja.

En conclusión los analistas sostienen que está naciendo una nueva sociedad, donde los jóvenes tienen un papel protagónico y no les interesa si es de derecha, de izquierda, de centro, lo importante es que se legisle a favor de ellos y que le satisfagan sus necesidades básicas.

Las marchas en américa latina en el 2019

Las protestas han sido protagonistas este año. El 23 enero iniciaron en Venezuela, cuando Juan Guaidó se proclamó presidente interino, miles de ciudadanos salieron a las calles a protestar contra Nicolás Maduro. Después de que se diera el frustrado levantamiento militar del 30 de abril la oposición salió a la calle.

En Honduras desde abril el presidente, Juan Orlando Hernández, ha enfrentado una ola de manifestaciones un contra de sus políticas que pretenden privatizar la salud y la educación entre otros sectores. La crisis en ese país se profundizó cuando el hermano del mandatario hondureño fue declarado culpable de conspirar para el transporte de drogas a Estados Unidos.

EL 30 de septiembre en Perú se desató una crisis política, porque el presidente Martín Vizcarra disolvió el Congreso. A través de las distintas concentraciones los ciudadanos presionaron al gobierno para que tomara estará está decisión.

En octubre en Ecuador se presentaron violentos disturbios en medio de las marchas contra el mandatario Lenín Moreno, tras la eliminación del subsidio a los combustibles que había permanecido por cuarenta años. El Gobierno tuvo que convocar a un diálogo, retirar el decreto y modificarlo. Según la Defensoría del Pueblo de ese país los enfrentamientos dejaron siete muertos, 1.340 heridos y 1.152 detenidos.

En Chile las protestas han sido profundamente graves. Los manifestantes llevan más de un mes en las calles. El detonante fue el alza en el precio del metro de Santiago, lo que condujo a que los jóvenes convocaran una “colatón” en las estaciones y allí se desataron los disturbios y quema de estaciones. Desde ese momento se levantó el poder popular y todos los sectores han salido a protestar.

El presidente Piñera retiró el alza del precio del metro, pero cada día hay nuevas exigencias. El llamado a una Constituyente no ha llenado la expectativa. Chile se enfrenta cada día al aumento de pérdidas millonarias por causa de la parálisis de la económica, los saqueos y el vandalismo. Hasta el momento 25 muertos, 2.808 heridos y 7.259 heridos.

Bolivia es otra de las naciones que se han convulsionado. El fraude que hizo Evo Morales para intentar quedarse en el poder eternamente fue el detonante. El 20 de octubre se iniciaron protestas masivas y hasta el momento no han cesado. Pese a que Morales renunció y recibió asilo en México. La presidenta interina Patricia Añez tiene la misión de convocar a elecciones limpias y transparentes. Sin embargo, los simpatizantes de Evo continúan en las calles.

Colombia fue el último de los países latinoamericanos que han manifestado sus inconformidades contra el gobierno. Estas marchas han sido consideradas inéditas porque hace muchos años que no se realizaban concentraciones de esta magnitud. La causa de estas marchas se han debido al rechazó a la gestión del presidente Iván Duque. Los estudiantes han pedido que se aumente el presupuesto de la educación, aunque  ya este gobierno lo había incrementado, siendo la más alta inversión que ningún mandatario haya hecho antes,  pero no ha sido suficiente.

Entre las demandas de los ciudadanos también esta exigirle al presidente que empiece la implementación del Acuerdo de Paz firmado con las Farc, pues muchos lo acusan de no liderar la transición. También se le ha reclamado por las decenas de muertes de líderes sociales que han ocurrido desde que Duque llegó al poder.

La situación en Colombia ha sido tan grave que llegó a decretarse toque de queda algo que no ocurría hace muchos años. Saqueos, disturbios y destrucción de la infraestructura de transporte han sido el resultado. Millonarias pérdidas en el comercio. Han muerto 5 personas y ha habido 700 heridos entre civiles y fuerza pública.

En Colombia no se ha llegado a un acuerdo entre los dirigentes del paro y las manifestaciones se han prolongado. Al igual que en Chile tampoco se vislumbra una salida pronta, la violencia y los saqueos no han dado tregua y las consecuencias serán irreversibles.

La derecha y la izquierda han fracasado, porque han gobernado de espaldas a los ciudadanos. Ahora estan obligados a replantear alternativas más convincentes reformas profundas, no cosméticas y no cuentan con mucho tiempo para hacer los ajustes. Ignorar al constituyente primario produce un efecto devastador que se reflejara  en más manifestaciones, y que solo terminaran el día que satisfagan las necesidades básicas de los ciudadanos.

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