Democracias del Tercer Mundo

Democracias del Tercer Mundo

Hace algunos años mientras viajaba de Bogota a Buenos Aires, hicimos escala en Lima, capital del Peru. Nunca pude entender esa ciudad. Allí no llueve, por eso sorprende que en sus diseños, las canales y grifería para el manejo de aguas lluvias no existen.
A Pesar de estar a nivel del mar, la corriente de Humboldt la vuelve una ciudad fría, oscura, que incluso alcanza niveles de 8 grados en algunos meses del año. Precisamente esa corriente la convierte en la capital de la gastronomía marina. Es un deleite comer allí.

Esa noche aterrizamos sin contratiempos y debíamos esperar un nuevo avión y en él continuaríamos a Buenos Aires. Dos horas más tarde estábamos nuevamente en el aire rumbo al río de la plata. Era un avión grande, feo y ordinario el que nos asignaron, parecía un ave prehistórica. No logre descansar en el aeropuerto y tan pronto despegamos me dormí. Cuando desperté más tarde, la noche se había aclarado tanto que parecía de día, la luna alumbraba en todo su esplendor el fuselaje metálico del avión y proyectaba sobre la nieve de Los Andes, la sombra del aparato. A mi lado, un hombre corpulento, que en el aeropuerto hablaba como loro perdido, ahora roncaba como si se hubiera tragado un tractor. En esas estaba, pensando en mi esposa que a esa hora estaría bajo cobijas calientitas en Bogota y en mis hijos que seguramente dormían.

Estaba desmotivado, cansado, frustrado y sumergido en una crisis existencial que no le encontraba sentido a nada. Llevaba años ejerciendo periodismo en el continente para una revista especializada en temas económicos, políticos y sociales, siempre enmarcados por la corrupción y la mezquindad, como constante, independiente de que fuera un gobierno democrático o una dictadura de derecha o de izquierda.Comparábamos una revista 20 o 15 años atrás con la del último mes y la única diferencia eran la vestimenta y los nombres de los protagonistas. Los hechos narrados eran los mismos: Corrupción, violacion de derechos humanos, restricción de los derechos civiles, limitación de las libertades individuales y colectivas y populismo.

Alguna vez un periodista amigo dijo que el agua no puede fluir más alto que la fuente que la origina, creo que quizo decir que tenemos lo que nos merecemos. Comencé a visualizar sobre las marcadas diferencias entre las democracias del primer mundo y nuestras democracias tercermundistas y está vez me parecieron más de interpretación que de riquezas o desarrollo. La diferencia básica está en la forma como los políticos conciben el desarrollo de las democracias. Los políticos gringos conciben el desarrollo de su ejercicio gubernamental sobre la base de generar riquezas. Los del tercer mundo sobre la generación de pobreza. Todos los sectores en USA, incluyendo la banca, conciben su desarrollo creando valores y servicios que generan riqueza. En el tercer mundo, los organismos estatales como las Super intendencias y la banca misma desarrollan valores y servicios antidemocráticos que solo generan pobreza.

¿Por qué lo decimos?

Tomemos la Super Intendencia de industria y Comercio y veamos cómo opera. Su director es de nombramiento político, esta facultado para colocar multas hasta por 100 millones de dólares, ya que estás dependen de los estados financieros del investigado. Ella investiga, sanciona, el dinero de la multa es para ella, y la apelación se hace ante ella misma.
Podrá existir algo más antidemocrático? Y así funcionan todas las entidades del estado.  Como diría Vargas Llosa en MEXICO: la dictadura perfecta.  Son débiles democracias en Estados feudalistas manejadas por cuatro o cinco familias o grupos económicos.  En conclusión, en USA, con tazas de interés para créditos de desarrollo del 3 al 5 % anual, puede acceder una compañía muy fácilmente y pagarlo, sin exponer su margen de utilidad. Garantizando su crecimiento y continuidad en el mercado .

En nuestro medio ese mismo crédito cuesta más del 20% que es más de la utilidad que genera una empresa. Ósea, el único que gana es el banco y además deja vulnerable a el empresario para que el político lo maneje, de la misma manera que maneja a la población: un bloque, un ladrillo , una lámina de zinc a cambio del voto.
Si decidimos salirnos, como nación, de este esquema y caemos en el populismo o en las dictaduras de izquierda, nos va peor. En las democracias feudalistas, al menos nos dejan el derecho a pensar, así no lo podamos expresar. En las autocracias de izquierda como Venezuela, cuba o Nicaragua, el dictador ni siquiera nos deja ese derecho.
Entonces, no es cambiando a la población como vamos a lograr que nuestras democracias se fortalezcan. Esto solo se logra cuando nuestros políticos entiendan que su objetivo gubernamental debe ser generar riquezas y por lo tanto el congreso en vez de producir leyes a la medida de las necesidades de los cincos grupos que manejan el país, sus actos legislativos deben perseguir el bien común, quitando las trabas que obstaculizan la generación de riquezas.

De esa manera habría tanto dinero que no tendrían que raspar la olla cada seis meses con impopulares reformas fiscales.

Por: Jorge Barros

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