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IX Cumbre de la Américas: Entre la controversia y la división

El balance de la IX Cumbre de las Américas en Los Ángeles, California, es agridulce para la administración Biden. Si bien se lograron algunos tibios acuerdos como la "Declaración de los Ángeles sobre Migración y Protección" y un débil compromiso de protección de la Amazonía, la cumbre ha dejado de manifiesto para los Estados Unidos que no será fácil volver a imponer su liderazgo en Latinoamérica.

El presidente Joe Biden se enfrenta a un lento avance respecto a la activación de las relaciones diplomáticas con América Latina desde que empezó su periodo de gobierno, con la ausencia de embajadores en la mayoría de los países de la región y el emblemático paquete de US$4.000 millones de ayuda a Centroamérica estancado en el Congreso. Si bien se esperaba que el mandatario demócrata mejorara las relaciones con la región, lo cierto es que Biden se ha enfrentado a serias dificultades para revertir la desconfianza generada por política de la anterior administración.

Los excluidos

Los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua no fueron invitados a la Cumbre de las Américas. En respuesta, Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, canceló la cita por no estar de acuerdo con que estos países no fueran invitados. Recordemos que Cuba estuvo presente en la última cumbre llevada a cabo en Lima.

Aunque la administración de Biden quiso minimizar el impacto de su decisión de no invitar a Nicaragua, Venezuela y Cuba la exclusión fue un tema central durante el foro. Además del presidente mexicano, Xiomara Castro, de Honduras, y Luis Arce, de Bolivia, tampoco asistieron a la cita regional y se limitaron a enviar en representación de sus países a sus cancilleres. Ante estas últimas negativas de asistir a la reunión, Biden tuvo que enviar de urgencia al ex-senador demócrata Chris Dodd para convencer a algunos de los presidentes que estaban en duda de asistir al evento de alto nivel, ya que temía un boicot generalizado del evento.

Si bien la declaración política de no invitar a Cuba, Venezuela y Nicaragua se justifica en nombre del cumplimiento de la Carta Democrática Interamericana, donde se contempla que se debe propender por la democracia representativa y velar porque todos los países miembros la garanticen, la negativa a invitar a los polémicos mandatarios de izquierda fue interpretada por algunos presidentes de la región como una continuación de la política de castigo a los países disidentes de Washington impuesta por Donald Trump. Recordemos que bajo el mandato del ex presidente Trump, América Latina y el Caribe fueron sumamente ignorados.

Como era de esperarse, los presidentes de Argentina, Alberto Fernández, y de Chile, Gabriel Boric, sentaron su voz de protesta por la exclusión de los tres países. Boric afirmó que, “estamos aquí para dialogar y oír, por eso tenemos la más firme convicción de que tal y como han afirmado los presidentes que me han antecedido que para que esto funcione de verdad no puede haber exclusiones. Acá deberíamos estar todos y no estamos todos, porque no me gusta la exclusión de Cuba Venezuela y Nicaragua”, de esta manera el mandatario chileno dejo claro su descontento.

Asimismo, Fernández cuestionó la inasistencia de Cuba, Venezuela y Nicaragua afirmando: “Definitivamente hubiéramos querido otra Cumbre de las Américas, el silencio de los ausentes nos interpela, para que esto no vuelva a suceder. El hecho de ser el país anfitrión de la Cumbre no otorga la capacidad de imponer el derecho de admisión sobre los países del continente. El diálogo en la diversidad es el mejor instrumento para promover la democracia y la lucha contra la desigualdad”, expresó.

Reunión incómoda

Biden se había mostrado reacio a reunirse con el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, quien es visto por ciertos funcionarios estadounidenses como un conspirador que estaría repitiendo teorías sobre un supuesto fraude electoral para socavar el sistema electoral de Brasil antes de las próximas elecciones, donde pondrá en juego su reelección frente al expresidente Lula.

Pero debido a la ya delicada situación del evento, Biden decidió finalmente encontrarse en una sala de conferencias junto a un hombre que, dos días antes, había considerado "sospechosa" su victoria de 2020. El presidente norteamericano evitó entrar en polémica con su homólogo respecto a las próximas elecciones en el país sudamericano y mostró un tono amable al hablar en público del manejo está dando Bolsonaro a la Amazonia. Los mandatarios de las dos democracias más grandes del hemisferio se reunieron más tarde a puerta cerrada.

La incomoda reunión demostró hasta donde estaba dispuesto a llegar Biden para mostrar una imagen de unidad del hemisferio occidental en una cumbre donde a menudo se mostró la desunión. Cabe destacar que ambos dirigentes no se dieron la mano frente a los periodistas que presenciaron sus comentarios públicos.

Migración

Uno de los problemas más urgentes que genera preocupación en los EE.UU. es la crisis migratoria. Algunas organizaciones de migrantes convocaron marchas para solicitar mejores condiciones para los migrantes en Los Ángeles, y de paso criticaron la ausencia del presidente mexicano AMLO.

Human Rights Watch denunció los tratos inhumanos y degradantes que reciben los migrantes tanto en la frontera sur del territorio estadounidense como en la de México en donde tienen que llegar muchos ciudadanos que son detenidos allí hasta que se resuelve su situación.

Durante este foro se pretendía hablar sobre la economía, los retos de la América Latina, pero principalmente buscaban llegar a importantes avances en inmigración. Por eso el último día fue presentado el Acuerdo de Los Ángeles, un marco en que se pretende que el continente trabaje de manera coordinada para controlar los flujos migratorios.

Biden declaró que “la estabilidad y la ayuda para asegurarnos de que las comunidades que reciban a los refugiados puedan costearles oportunidades laborales, acceso a la educación y la atención en salud. Para incrementar los pasos para la inmigración legal, así como protección para los refugiados (…) La inmigración segura y ordenada es buena, haciéndolo de una manera legal para que no lo hagan de una manera peligrosa, una inmigración desordenada no es aceptable, vamos a garantizar las fronteras y tener acciones coordinadas con nuestros socios”.

Durante el cierre de la Cumbre de las Américas se hizo una declaración sobre migración y protección la cual fue firmada por veinte países, entre ellos Estados Unidos y México, para buscar de forma conjunta enfrentar el problema migratorio que ha desplazado a millones de personas desde Venezuela, Haití, Nicaragua, El Salvador, Honduras, Colombia y Guatemala. Incluso, el Gobierno del presidente Biden hizo el anuncio de que aumentará en 300 millones de dólares la o ayuda humanitaria a los venezolanos tanto en el exilio con en la misma Venezuela.

Pero además se pudo llegar a compromisos como ampliar hasta 20.000 las cuotas anuales de refugiados provenientes del continente para 2023 y 2024, en especial a los provenientes de Haití, por ser uno de los territorios con los índices de pobreza más elevados del continente.

Del mismo modo, se acordó facilitar las vías legales para recibir inmigrantes, sobre todo Estados Unidos y Canadá por ser de las naciones que más autorizan la entrada de trabajadores temporales para que los ciudadanos más empobrecidos laboren en los países más ricos.

Pese a los acuerdos a los que se llegaron se ha dudado de la eficacia de estas medidas pues no estaban presentes representantes de Guatemala, Honduras y El Salvador, quienes mayor número de migrantes se trasladan cada año a los Estados Unidos.

Las divisiones en el continente

Analistas internacionales han advertido luego de este evento que se está viviendo una nueva época de crisis política en las Américas por las controversias en la Región y las fuertes divisiones que han causado problemas internos en los países y dificultades para la cooperación.

Esta cumbre muestra el estado de una América fraccionada y el momento más bajo de interlocución entre EE.UU. y Latinoamérica. Los presidentes no dialogan, por lo tanto, los mecanismos de integración están inoperantes. Hay una ideologización que no permite que exista una voz común de qué agenda llevar.

Se ha podido comprender que hay deferencias en términos de las condiciones políticas que tienen distintos modelos de desarrollo en América latina, lo que se ve reforzado por la idea de una escasa comunicación que refuerza esa necesidad de que existan nuevos liderazgos.

El reto de las Américas es propender por el mayor desarrollo de los países miembros, la integración y por crear mecanismos que los ayuden a superar los años de crisis que se han vivido. Aunque algunos especialistas han dudado de la inconveniencia de que se realicen otras cumbres porque realmente los acuerdos a que se llegan no han tenido gran incidencia en la realidad de las naciones.



Fuente Imagen: Cumbre de las Américas

Author

Samuel Memoli

Periodista, creador de contenidos editoriales y corresponsal de prensa para Estados Unidos, México y Canadá.

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