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América Latina: Un llamado desesperado ante una catástrofe climática

El cambio climático no es parte del futurismo, es una realidad que amenaza con una tragedia de proporciones inimaginables y constituye al mismo tiempo una respuesta científica a las teorías negacionistas, más cuando el propio Secretario General de la ONU, António Guterres ha sido categórico al señalar que “el mundo camina como un sonámbulo hacia una catástrofe climática”.

De ahí que acontecimientos como olas de calor, incendios forestales, lluvias torrenciales, deslizamientos, disminución de cultivos, entre otros, ya no son un espejismo, ni un eufemismo, ni mucho menos parte del imaginario colectivo, sino por lo contrario, el cambio climático es un fenómeno que no sólo debe ser visto en abstracto, sino que desde el punto de vista de nuestra vida práctica pende como una espada de Damocles que tarde o temprano limitará nuestros derechos humanos más básicos y de futuras generaciones, tales como el acceso al agua, la salud, la alimentación, la vida, por sólo decir algunos de ellos.

Una salida fácil para quien se aproxima a la crisis climática podría ser tomar a la ligera esta problemática y decir no me afecta, pero si verdaderamente supiéramos donde estamos parados ¿diríamos lo mismo? me parece que no y es aquí donde los datos son un buen punto de partida para dimensionar la gravedad de la situación.

De acuerdo al último informe de ONU sobre cambio climático, en una revisión de más de 14 mil artículos de la comunidad científica y en sus más de 3949 páginas se ha concluido que estamos ante una alerta roja para la humanidad dada por el aumento de la temperatura en 1,09 grados Celsius la más alta en más de medio siglo, con un crecimiento del nivel del mar que se ha triplicado, olas de calor más frecuentes que se traducen en los 5 años más calurosos desde 1850, con un pronóstico escalofriante de que en los próximos 50 años la temperatura global aumentará en 5 grados Celsius o más.

Pero, si estas cifras globales no fueran datos de por sí alarmantes ¿qué pasa en América Latina? La crisis se agudiza porque somos el continente en donde la tendencia de aumento de las temperaturas ha tenido un crecimiento superior al promedio de otras regiones, así mismo, en 3 décadas el nivel del mar ha experimentado un crecimiento inusitado en América Central y América del Sur, ello con el agregado de inundaciones, aumento de las líneas de costa y sequías.

De ahí que la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero resultan cruciales para enfrentar esta emergencia climática que ha dado paso a la necesidad de contar con energías limpias, cuya meta será reducir en un 50% las emisiones de aquí al 2030 y de cero emisiones hacia el año 2050.

La solución que en el papel nos parece sencilla nos ha demostrado que la voluntad no es suficiente y que no es un problema que podemos dejar en manos de la clase política o de organizaciones internacionales, sino que requiere de un compromiso porque el cambio climático para la ciudadanía de a pie tiene un impacto en sus vidas y en sus derechos.

¿Cómo podríamos ejemplificarlo? Como muestra en la actualidad, simplemente el cambio climático está obligando a migraciones forzadas de comunidades andinas, basta ver con los desplazamientos de la comunidad Aymara de “El Chair” en Bolivia que abandonan sus poblados, ya sea por la escasez de agua, la destrucción de los ecosistemas y los recursos naturales.

Esta situación nos plantea la necesidad de considerar nuevos términos como la migración digna como parte de una conceptualización más amplia que se denomina justicia climática que, no es más que estar del lado de los que más sufren y que son ignorados por políticas indolentes de falta de atención de una crisis climática que sigue sin ser atendida y que como efecto dominó terminará afectando a los grandes núcleos urbanos de población, destacando que según cifras del Banco Mundial señalan que “el cambio climático podría provocar el desplazamiento de 216 millones de personas dentro de sus respectivos países para 2050”.

Se trata de una realidad que tarde o temprano nos alcanzará y que, si no la asimilamos en América Latina, nos podría llevar a buscar nuevas tierras al igual que el Presidente de Kiribati, superpoblado del Pacífico Sur que será inhabitable en 15 años como consecuencia de la subida del nivel del mar asociada al cambio climático.

¿Eso es lo que realmente queremos para América Latina? Por eso la toma de conciencia, la solidaridad, el compromiso de nuestra clase política y la labor de la sociedad civil organizada resultarán cruciales porque todavía hay tiempo para actuar, pero hay que hacerlo ya, por lo que sí a la innovación, a las energías renovables y no al negacionismo. Sin duda una tarea pendiente en nuestra región latinoamericana.

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Autor

Jorge Aljovín - Analista político

Jorge David Aljovín Navarro es Licenciado en Derecho por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), en donde obtuvo una mención por su trabajo de tesis. Cuenta con estudios en la Maestría de Derecho Procesal Constitucional, impartida por la Universidad Panamericana (UP), en donde obtuvo una mención honorífica.

Actualmente, cuenta con participaciones en medios de radio y televisión, entre los que destacan Grupo IMER (Instituto Mexicano de la Radio), Radio Fórmula, Grupo Imagen, MVS Radio, CNN México, Excelsior TV, Foro TV, MegaNoticias TVC, Canal del Congreso, entre otros.