América Latina: El derrumbe de las verdades únicas
Desde los postulados de la geometría Euclidiana estuvimos convencidos que “una línea recta es la distancia más corta entre dos puntos”, pero esta aseveración es parcialmente cierta si estamos en presencia de una superficie plana, pero ¿qué pasa si nos encontramos ante superficies curvas? ¿tendremos el mismo resultado? Evidentemente no, en una superficie curva la distancia más corta entre dos puntos es una línea curva.
Esta reminiscencia a los postulados de la geometría euclidiana, no deben pasar desapercibidos, porque si los aplicamos al campo de la política y, en especial a nuestra región latinoamericana podemos darnos cuenta durante los últimos años que nos hemos enfrentado a “verdades únicas” que nos han impedido entender los últimos resultados electorales y los estallidos sociales que han surgido en Latinoamérica.
Para ello, sólo basta con ver el panorama político en México y sus recientes elecciones intermedias con un AMLO fortalecido y manteniendo su mayoría en el Congreso y ganando la mayoría de las gubernaturas de los estados; Colombia y las protestas detonadas por una reforma tributaria, confrontada con una pobre y represiva respuesta del aparato gubernamental; Chile y su proceso constituyente, abriendo la puerta a los independientes y al partido comunista; Perú y el disruptivo profesor de Cajamarca Pedro Castillo que se ha levantado ante la élite limeña y, en un verdadero cuento de hadas ha cimbrado al establishment (orden establecido), por sólo mencionar algunos casos.
Pero hecho este breve repaso, cuáles han sido estas “verdades únicas”, sin duda el desde el consenso de Washington (1989) y sus 10 recomendaciones de política económica, se ha entendido como axiomas invariables de gobernabilidad el establecimiento de una disciplina fiscal, sin déficit; la inflación como parámetro de la salud de la economía; las privatizaciones como el mecanismo para generar riqueza, entre otros postulados.
"Estamos preparados en Latinoamérica para el establecimiento de un nuevo PACTO SOCIAL, el cual ya no puede estar guiado por el pasado y la ideología."
Jorge Aljovín
De ahí que muchos analistas centran su mirada en el progreso como una suma y resta de ganancias y pérdidas, llegando a afirmar que las ideologías y la disputa entre derecha e izquierda cayeron junto con el muro de Berlín y, para ello se cae en el facilismo de afirmar que aún cuando China siendo un país comunista ha abrazado el libre mercado, para rematar diciendo que según la revista Forbes, por primer año en Shanghái existen más billonarios que en Nueva York, lo cual lleva a este sector de la opinión pública a un lugar común “si estamos tan bien, porque voltear la mirada a la izquierda y al populismo”
Sin embargo, he ahí el problema y la necesidad de establecer un punto de distanciamiento con este tipo de posturas, si seguimos centrando la atención en la política económica como único parámetro del termómetro político, se olvida dos factores muy importantes de la ecuación: “la gente, el pueblo o la denominación que el lector guste darle” y “la sensibilidad por los problemas reales del ciudadano”.
Es decir, se puede seguir marginando del ascensor del progreso a los más y permitir que los mismos de siempre (los menos) disfruten del opíparo banquete, me parece que no, pero aun cuando la respuesta es evidente, lo que estamos observando en América Latina es un fracaso de la democracia representativa; una polarización que ha producido un corrimiento hacia los extremos (derecha e izquierda; conservadores-liberales); una clase política más preocupada por criticar pero no por presentar una alternativa de gobierno; una crisis de autoridad y, sobre todo una falta de identidad con los intereses reales de la comunidad que, a diferencia de lo que ocurría hace algunos años ya no esta representada por líderes visibles, sino por causas.
Hasta que no se entienda esto, los Castillo en Perú, los AMLO en México, los Bolsonaro en Brasil, por solo nombrar a algunos, no importando si son de derecha o izquierda, seguirán proliferando en la región, porque lo que se busca no es una representación política, sino una reivindicación social, la cual ya no pasará por la simple implementación de programas sociales o, en términos de una economía de mercado por una “política de las migajas”, sino que hoy más que nunca se requerirá de un nuevo pacto social, marcado por nuevas Constituciones que no sólo lleven a cuestionar el modelo, sino también a quien lo dirige.
Estos serán los retos que se avecinan y aunque algunos sectores se muestren reacios resulta un proceso inevitable, por lo que regresando a nuestro punto de partida de las “verdades únicas”, su entendimiento ya no pasa por indicadores económicos que definen un movimiento de derecha a izquierda, sino que en la actualidad ese debate estará marcado por intereses y causas plasmadas en Constituciones que muevan el status quo de las instituciones y permitan el goce de nuestros derechos y libertades.
Bienvenido ese debate y a pesar que algunos se nieguen estamos preparados en Latinoamérica para el establecimiento de un nuevo PACTO SOCIAL, el cual ya no puede estar guiado por el pasado y la ideología, sino por el triunfo de las causas y no por los intereses de las élites.



