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DECRECER: La paradoja de la Economía

Hace unos días capturaron, en las aguas del mediterráneo, el ejemplar de un pez que supuestamente estaba extinto y que habitó la tierra hace millones de años. Parecía un pez extraterrestre, estaba vivo y nadie sabe de dónde salió.

Hace unas semanas capturaron en Chile un pez remo; este pez que alcanza los 20 metros de largo, vive a más de 1.000 metros de profundidad y supuestamente solo sube a la superficie a morir; hacia medio siglo que no se le veía. Su carne es gelatinosa y viscosa, no es comestible, tiene aspecto de serpiente. El pez medía cerca de 6 metros, lo que indica que estaba lejos de alcanzar su adultez y nos muestra que algo anormal está sucediendo en las profundidades del océano.

El exceso de lluvias en las montañas, en tiempos secos, hace que las montañas colapsen y al deslizarse entierran casas, cultivos y personas vivas. Las zonas bajas están inundadas, hace calor donde debería hacer frío, nieva en épocas de verano y los organismos encargados de predecir el tiempo perdieron su capacidad de acierto. Ya nadie confía en ellos.

Mientras Colombia y en general América se inunda por efecto de lluvias continuas, la ola de calor en Europa genera incendios forestales y mata a miles de persona, especialmente en Reino Unido, mueren de infartos la mayoría.

Pandemias, bacterias carnívoras, virus desconocidos, y una agresividad colectiva se toma las calles del mundo. Esta agresividad se hace más elocuente en las redes sociales. Ni en sueños somos dueños de nuestra tranquilidad emocional.

Nadie habla claro, todo es mentira, manipulación por parte del gobierno, de la sociedad, de la iglesia, de las personas, porque hace rato se perdió el Interés en el bien común y solo prevalecen los intereses individuales.

Bogotá, la capital de Colombia, está notificada que la temperatura subirá dos grados, lo que nos dice que el límite de 1,800 metros sobre el nivel del mar para moscas y mosquitos, pasará a 2,600 metros que es la altura de Bogotá. Eso nos indica que está ciudad que tiene una población infantil cercana al millón de infantes, sufrirá los embates de enfermedades transmitidas por estos insectos, dengue, enfermedades diarreicas y estomacales que afectarían a un grueso grupo de niños que no está inmunizado, como sucede con aquella población infantil que vive en zonas calientes, con contacto permanente con estos bichos. Morirán muchos infantes, ya que los pocos que se atreven a hablar del tema son cuestionados y le colocan el rótulo de locos o religiosos.

El calentamiento global es un hecho, ya está aquí, ya no lo pueden ocultar los gobiernos y quieran o no, tendrán que enfrentarse a la poderosa industria petrolera, que es la que más contaminación produce y la más interesada en ocultarlo.

Una economía que a escala mundial crece un 4,5 % anual, se duplica cada dos décadas y exige más recursos naturales y estos no son infinitos, ya se están agotando.

Una sociedad que solo necesitó menos de dos siglos (en 1.859 se perforó en Pensilvania el primer pozo de petróleo) para acabar con el planeta, debe ahora revertir esa situación y comenzar a decrecer su economía y frenar el uso de las energías convencionales.

¿Existe voluntad política para hacerlo? ¿Quién le pone el cascabel al gato? Nadie lo va a hacer, no existe voluntad política y el mundo seguirá enfrascado en la discusión estéril de encontrar diferencia entre el capitalismo salvaje gringo y la economía de mercado china, como si esto no fueran la misma cosa.

Lo que viví ayer se convertirá en algo rutinario: un trancón de tres horas mientras un aguacero apocalíptico colapsaba la ciudad.

Author

Jorge Barros

Periodista colombiano especializado en temas políticos y económicos. Director la Revista VISIÓN desde el año 2002.