Australia, la mayor prisión de Reino Unido
Lo que hoy es considerado uno de los países más desarrollados y pacíficos del mundo, en sus inicios fue habitado y colonizado por presos británicos. La región fue una colonia-cárcel del Reino Unido desde 1787 a 1868.
El primero en proporcionar información sobre unas remotas tierras en el Pacífico Sur fue el capitán James Cook, que había pisado el gran continente austral en uno de sus viajes. El gran navegante había descrito aquel lugar -que llamó Botany Bay- como una región prometedora, con puertos naturales, bosques, ríos, valles y montañas. Pero Cook visitó las costas del sudeste del continente durante el invierno austral. En verano aquel lugar no era tan placentero, como podrían comprobar algunos años después los primeros colonos que se establecieron cerca de allí.
El gobierno británico envió una flota de once naves cargada de convictos al lugar del que había hablado Cook. La mandaba el capitán Arthur Philip y su objetivo era fundar allí una colonia penal, el primer establecimiento europeo en aquella parte del mundo. En total, mil quinientas personas viajaban en la flota. De los 775 convictos, 193 eran mujeres, muchas jóvenes prostitutas. Más de cuarenta convictos murieron durante el largo viaje. En traslados posteriores la tasa de mortalidad aun fue más elevada.
No todos los viajeros eran reclusos. También había entre ellos militares, funcionarios y familiares de éstos; incluso civiles no penados. Uno de los primeros problemas en presentarse fue la ignorancia total de los colonos respecto de la botánica y la fauna del país. No había entre ello ningún experto en agricultura. Sabían más de la vida en los bajos fondos de Londres que sobre el cultivo de la tierra y la cría de animales de granja.
Algunos oficiales y convictos escribieron diarios sobre la vida cotidiana en la colonia penal. Los que se han conservado permiten hacernos una idea de los obstáculos que tuvieron que vencer los colonos para sobrevivir en un lugar tan alejado de su país.
El contacto con los nativos se produjo pronto. Los recién llegados se esforzaron en establecer relaciones con aquellos seres de piel oscura, más que nada porque podían serles útiles, pero fue en vano. Si los colonos se alejaban del campamento para explorar sus alrededores, los nativos les atacaban. El primer año murieron diecisiete colonos a causa de aquellos ataques; el propio gobernador fue herido en uno.
Los primeros años de la colonia fueron muy difíciles. Las cosechas eran muy pobres y, por otra parte, los convictos no colaboraron mucho en la prosperidad de la colonia. Algunos huyeron y nunca se supo de ellos. Los presos que osaban violar las normas recibían rigurosos castigos. A causa de la brutalidad de algunos guardias hubo intentos de rebelión, y muchos convictos se volvieron violentos. La primera colonia europea en Australia no fue ningún paraíso en la tierra. Más bien un infierno.
Tras el descubrimiento de oro en Australia en 1851 la población blanca aumento considerablemente. Decenas de miles de civiles no convictos llegaron al continente. A partir de 1868 el gobierno británico ya no envió más penados a aquellas remotas tierras. Pero mientras tanto, a lo largo de ocho décadas, Gran Bretaña había enviado a Australia unos ciento sesenta mil reclusos.
Fuente Imagen: Hulton Archive