"Papillón": Una novela que mostró todo el horror del sistema penitenciario de un país
Guyana Francesa fue, en el siglo XIX y parte del siglo XX, la prisión de miles de convictos franceses. Este territorio, que comprende también el archipiélago de las Islas de la Salvación o Îles du Salut (con tres islas, la Real, la de San José y la del Diablo) se usó como cárcel de ultramar, abriendo uno de los capítulos más oscuros de la nación gala.
Colonización
Guyana fue colonizada por los franceses en el siglo XVII, quienes creyendo en la promesa de encontrar abundantes riquezas se embarcaron en la aventura de viajar al nuevo continente, pero en la realidad se encontraron con una de las regiones más difíciles de poblar, con una densa selva impenetrable, enfermedades tropicales y un clima adverso. Sin importarle estas condiciones el rey Luis XIV envió miles de colonos a Guayana. Poco tiempo después la mayoría de ellos habían sucumbido y sólo unos pocos cientos sobrevivieron.
Los sobrevivientes huyeron a tres pequeñas islas que podían ser vistas desde la ribera y las llamaron las Îles du Salut (Islas de la Salvación), de allí el origen de su nombre.
Cárceles Terroríficas
A principios del siglo XIX, el sistema penal francés decide establecer en Guyana una colonia carcelaria. Originalmente sólo transportaban a los prisioneros más peligrosos, y los abandonaban a su suerte, pero no se les permitía salir.
En 1832, el Penal de Guyana quedó establecido oficialmente. Su única misión era alejar a los delincuentes de la sociedad. Ni recuperación ni reinserción. Se trataba de que vivieran sus días en la peor de las miserias hasta que murieran. A partir de 1840 se construyeron los primeros edificios con celdas. Uno en St. Pierre, y un segundo cercano a Cayenne. Se comenzaron trabajos para limpiar la selva y así tener tierras para el cultivo. Los mismos prisioneros debían producir sus alimentos.
Una condena en Guayana Francesa equivalía prácticamente a la pena de muerte. La mayoría de los presos moría rápidamente al llegar a destino debido a las duras condiciones de vida, a las enfermedades tropicales y a la desnutrición. Los cadáveres eran simplemente lanzados al mar, donde nadaban cientos de tiburones cebados con carne humana, lo cual alcanzaba para desalentar cualquier idea de fuga en la mayoría de los presos.
Para llegar hasta la prisión, los presos eran transportados en barco. Muchos morían en la travesía, encerrados en minúsculas celdas oscuras y hacinadas. Los cautivos eran obligados a trabajar descalzos en la selva, expuestos a todo tipo de picaduras y ataques de animales. Las brutales condiciones de aislamiento la convirtieron en el destino más temido por los reos del viejo continente.
Una vez cumplida la condena, los presos debían pasar un tiempo equivalente al vivido tras las rejas en el país americano. Cumplido ese plazo podían regresar a Francia. Prácticamente ninguno lo lograba.
"La bofetada fue tan fuerte que necesité trece años para sobreponerme. No fue un sopapo corriente, y para dármelo se esmeraron al máximo."
Henri Charriere, alias Papillón
Henri Charrière
En 1931, Henri Charrière, apodado Papillon por el tatuaje en forma de mariposa de su pecho, fue condenado a prisión por un asesinato que, según él, no había cometido. Fue sentenciado a cadena perpetua en la colonia penal de la Guayana Francesa. Desde que embarcó con destino al penal solo tenía una meta: escapar. Tras varios intentos fallidos de fuga a lo largo de los años, fue enviado a la llamada Isla del Diablo, de donde ningún recluso se había evadido jamás.
Finalmente, Papillón logró escapar a Venezuela en 1941. El país sudamericano le dio la ciudadanía y, mientras escribía sus memorias, se casó con una mujer local y abrió un par de restaurantes.
Su libro, “Papillón”, fue publicado en 1968, y se convirtió en un éxito de ventas. Charriere pudo por fin volver a Francia, gracias a la prescripción de su delito. En 1973, Steve McQueen y Dustin Hoffman protagonizaron el film que lleva su nombre, con un remake de la película hecha el año 2018 .
La lucha por la libertad de Papillón sigue siendo una de las más increíbles hazañas que el ingenio, el tesón y la valentía humanos hayan demostrado. Su relato dio lugar a esta extraordinaria autobiografía, la odisea de un hombre inocente para perseguir lo que nunca debió perder: la libertad.
Atracción Turística
Finalmente, y gracias al escándalo de la crueldad con que eran tratados los habitantes, Francia cerró definitivamente la prisión en 1953. Doce años más tarde, las playas que veían hacia la Isla se convirtieron en una base de la agencia espacial francesa y el sitio es un destino turístico para más de 50 mil viajeros anuales, que recorren los vestigios de un sitio donde la crueldad y el horror humano crecieron junto con la implacable vegetación que ahora domina los muros y las ventanas podridas.
La visita a las celdas que todavía se conservan en las Islas de la Salvación, a una hora en barco de Kurú, la humedad y el sofocante calor que hay en junio permiten hacerse una idea de las terribles condiciones de vida que debieron sufrir los presos.
El país que un día fue una prisión, en la actualidad parece más el paraíso tropical soñado. Eso sí, los turistas aún pueden pasearse por los edificios y celdas, para recordar a la que fue durante mucho tiempo, la peor prisión del mundo.



