Las guerras coloniales portuguesas
Portugal libró, entre 1961 y 1975, guerras por el control de sus colonias en África, específicamente en las actuales Angola, Mozambique y Guinea-Bisáu. Miles de jóvenes soldados portugueses fueron reclutados para las guerras contra los rebeldes nacionalistas de esas "provincias" lusas. La dictadura salazarista (en el poder desde 1933) nunca consideró a esos territorios colonias; eran provincias de ultramar y por eso no las consideraban guerras coloniales, sino una cuestión de defensa nacional.
Tras unos 500 años de dominios comerciales y territoriales repartidos por todo el mundo, el sentir imperial estaba muy asimilado a la idiosincrasia portuguesa, incluso entre las generaciones de finales del siglo pasado. Por ello, para la sociedad lusa era impensable perder parte de su territorio de ultramar. Los portugueses fueron los primeros europeos en establecerse en África y fueron los últimos en retirarse.
La violencia independentista comenzó en el norte de Angola, con centenas de muertos tras ataques de los locales. Al gobierno portugués le tomó seis meses restablecer el orden, con un trágico saldo de 20.000 angoleños muertos. La lucha de liberación en Angola se prolongaría hasta 1975.
Las guerras se libraron durante más de una década en las colonias lusas y fueron parte del choque de intereses de los dos bloques enfrentados en la Guerra Fría. Como ejemplo de esto, la participación cubana fue determinante en la victoria angoleña.
Inspiradas en la lucha anticolonial de Angola, pronto otros sitios del imperio portugués comenzarían su propia lucha. Una guerra de guerrillas emergió en Guinea-Bisáu, en 1963, y en Mozambique en 1964. En ambos casos fue iniciada por grupos en el exilio que utilizaron los países vecinos como bases para lanzar ataques y sumar miembros y armas. Al comienzo los portugueses pudieron controlar la situación, ya que los movimientos rebeldes estaban divididos al interior y no eran fuertes, pero con el tiempo el desgaste provocado por tres guerras en simultáneo fue minando la moral lusitana.
La jerarquía militar, cansada por el esfuerzo bélico, y convencida de que la guerra en África no se podía ganar, dio un golpe de Estado en la denominada “Revolución de los Claveles”, el 25 de abril de 1974, para terminar con estas impopulares e inacabables guerras. En septiembre de ese año, Lisboa reconoció la independencia de Guinea-Bisáu y en el lapso de un año le siguieron Angola y Mozambique.
Portugal movilizó entre 850.000 y un millón de soldados a lo largo del conflicto. De estos, más de 8.000 murieron y alrededor de 100.000 resultaron heridos. Las cicatrices en la sociedad portuguesa son enormes. Las guerras de liberación de las colonias portuguesas quitaron cerca de 80 mil vidas a África y dieron la autodeterminación a aquellos países.