El inusitado resurgir del esoterismo y la astrología entre los jóvenes
En medio del siglo con mayor acceso a la información científica, de manera gratuita y al alcance de la mano, se desempolva el libro “olvidado” de la astrología, los cristales, el tarot, la meditación, constelaciones familiares, la curación energética, entre otras. ¿Por qué se da este fenómeno en el marco de la generación con más ateos y menos adeptos a las religiones? ¿Cuánto influyen los movimientos progresistas y feministas en este resurgir de brujas y aplicaciones móviles sobre astrología? ¿Por qué los jóvenes se inclinan por estas vertientes esotéricas en el punto más alto de la ciencia?
Tras un surgimiento de la astrología y el esoterismo con el movimiento New Age, de los años sesenta y setenta, la sociedad conoció e interiorizó, quizá con un gusto ocultamente culposo, el tarot y los horóscopos encontrados en casi todos los periódicos y revistas desde esa época hasta hoy.
Curiosos, muchos de ellos religiosos, ojeaban la parte trasera del diario donde aparecía el horóscopo para observar qué le depararía su vida en un futuro cercano. Este comportamiento, que por décadas permaneció prácticamente oculto y estigmatizado, está teniendo un nuevo auge con la llegada invasiva de las redes sociales a nuestras vidas.
Frases como “típico de Géminis”, “Mercurio retrógrado”, Capricornio con ascendente en Tauro, o la compatibilidad entre signos se han vuelto el pan de cada día entre los jóvenes; mientras observamos nuestras redes sociales encontramos que este mundo, de cristales y constelaciones, llegó para quedarse, ya sea como una búsqueda de respuestas frente a la incertidumbre de un futuro convulso post-pandémico, o como simple entretenimiento entre amigos y parejas.
Todo pudo gestarse por cierta atracción hacia la magia a través de la televisión, somos una generación que creció con Sabrina, la bruja adolescente o Harry Potter; de igual manera, fuimos criados por nuestras abuelas latinas, que siempre guardaron cierto misticismo y alma de bruja, como sus bebidas naturales que curan la gripa, baños con plantas medicinales para la buena suerte, pedirle a las ánimas que te despierten en la madrugada o colocar una planta de sábila en la puerta de la casa para ahuyentar las malas energías en el hogar. Una sociedad altamente religiosa, que realizaba en silencio sus “brujerías” para sobrellevar la vida.
La generación milenial (nacidos entre 1981 y 1996) y la generación Z (1996 y antes de 2010), también llamada “centennial”, han creado una brecha con la religiosidad. Según un estudio realizado por el Centro de Investigaciones Pew, para 2017 el 35% de los milenials adultos en Estados Unidos no tenía una afiliación religiosa. De igual manera, según un estudio del Barna Group, 6 de cada 10 milenials que crecieron siendo parte de una religión la han abandonado después. Este fenómeno, de desafiliación a las iglesias, es producto de no verse identificados con los dogmas religiosos tradicionales; sumado a una educación más inclusiva, y a los nuevos espacios de interacción, como lo es el internet y las redes sociales, que logran permear las perspectivas de los más jóvenes, por pensamientos mucho más progresistas, de tolerancia, respeto por la diversidad y con enfoque de justicia social. Esto creó un entorno que no estigmatiza otras perspectivas para sobrellevar la vida.
Pero esta secularización de la sociedad occidental ha creado un vacío, un abismo en el que muchos jóvenes han buscado la forma de llenarlo; es aquí cuando la espiritualidad surge con fuerza. Esta hambre mística se detona tras el vacío dejado por la anacrónica religión, que no encuentra una forma efectiva de atraer a los jóvenes, quiénes están dispuestos a tener una condenación eterna en el infierno, si con eso logran tener una vida que los haga libres.
La espiritualidad tiene la particularidad de que cada individuo puede crear su propio significado, sus propios ritos y enfoques personales. Logra desvincularse de las rígidas reglas impuestas por las religiones para ahondar en lo profundo del ser y su conexión con Dios, o la naturaleza.
Feminismo y las “nuevas brujas”
Si hay un movimiento que esté abriendo las puertas a la espiritualidad y el esoterismo es el movimiento feminista; las mujeres, perseguidas por siglos solo por el hecho de pensar diferente, le están dando el valor y la gallardía que tuvieron las “brujas” en la edad media. Mujeres valientes que se atrevieron a pensar diferente, a rechazar los dogmas opresivos y conservadores del patriarcado y la iglesia. Las mujeres hoy retoman ese espíritu libre y de sororidad que tenían las brujas rebeldes del siglo XVI, buscando encontrar unidad y respuestas a través de la espiritualidad, la astrología, los remedios naturales, aquelarres y retiros espirituales. Muchas mujeres se ven cautivadas por la libertad y autonomía que brinda el mundo esotérico y espiritual para independizarse de las instituciones.
Pandemia, capitalismo y la crisis de ansiedad e incertidumbre
La pandemia agudizó muchísimas problemáticas sociales y económicas; pero también abrió la puerta a la introspección y análisis de nuestro propio ser. Cada persona, encerrada en su casa, tuvo que hacer el ejercicio de plantearse cómo afrontar la crítica situación. También hizo que valoráramos cosas simples, como caminar por la naturaleza, o ver paisajes. Tuvimos qué sobrellevar la incertidumbre que imperaba. Y es en momentos así cuando crece el interés por la astrología y la espiritualidad como un camino alternativo, ya sea como algo que guíe el camino, ayude a lidiar con la ansiedad, o sea una fuente de escape frente a un panorama difícil o desalentador.
La espiritualidad le hace frente a la inmediatez que nos impone el capitalismo con la tecnología, las redes sociales y el constante cambio de las cosas. Buscamos algo que el capitalismo no puede darnos; la tranquilidad y pausa que nos produce la naturaleza, hacer el retorno con la madre tierra -el capitalismo, con su homogeneización biótica, ya nos había separado del contacto natural-. Este auge de la espiritualidad es una pausa y soporte en medio del entretenimiento convulso y masivo.
Redes sociales y el empoderamiento del esoterismo
Las redes sociales lograron conectar, por primera vez, a las personas con creencias esotéricas y espirituales no tradicionales. En este espacio digital, la astrología o el tarot, han ido ocupando cada vez más los espacios de conversación e interacción pública, a tal punto que pasaron de ser mal vistos a convertirse en algo genial y estético -mientras lo religioso pasó a ser algo un poco vergonzoso para los jóvenes-.
El mensaje es mucho más cercano, hay mayor acceso a las publicaciones sobre temas esotéricos en las redes sociales, al punto que se utiliza incluso como herramienta de marketing para las empresas. La astrología supo llegar a las generaciones jóvenes con un lenguaje fresco, sencillo y atrapante, haciéndolos sentir parte de una gran maraña.
Decir qué signo es genera estatus y tema de conversación hoy en día. Los memes sobre el tarot o la astrología llenan internet y la mente juvenil. El pudor con estos temas desapareció y ahora es casi una tarjeta de presentación de la persona. Logran combinar el entretenimiento ligero con la creencia, dando lugar a un fenómeno nada despreciable.
Las aplicaciones móviles como Co-Star o Sanctuary y los astrólogos influyentes no paran de crecer en seguidores, a tal punto que está transformando la opinión de muchas personas. La astrología en la era de Instagram además vive una época dorada; David Birnbaum, inversor en temas tecnológicos, estima que el sector de la espiritualidad y esoterismo “tiene un potencial comercial de 2,1 mil millones de dólares”.
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Los contradictores del esoterismo argumentan que la espiritualidad es una forma de buscar a Dios sin responsabilidades, ni guía. No se crea comunidad, pero sí una hiper individualización en la sociedad, en la que prima el interés personal sobre la comunidad.
No obstante, estos movimientos esotéricos no han tenido un impacto social negativo en comparación con las secuelas dejadas por la religión.
Más allá de ver el horóscopo como herramienta para ver el futuro, los milenials y generación Z probablemente se acercan hoy a la espiritualidad como una herramienta de autoconocimiento, refugio ante la inmediatez mediática, para combatir la ansiedad que padecen, o por simple entretenimiento. La astrología y el tarot sirven como un espejo del inconsciente para revelar aquellos miedos, anhelos, e inseguridades por trabajar. Quizás la espiritualidad y el mundo esotérico no son más que un camino para reconocerse a uno mismo.
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de VISIÓN, La Revista Latinoamericana.