Infraestructura Latinoamericana: Las políticas de Estado son fundamentales en este sentido
La infraestructura es indispensable para el crecimiento económico de cualquier sociedad que pretenda avanzar en la consecución de proyectos ambiciosos de gran envergadura que impulsen el desarrollo y atraigan la inversión extranjera.
El Banco Mundial ha dicho que las inversiones sociales y en infraestructura pueden convertirse en motores clave del crecimiento y la prosperidad compartida entre las naciones.
En entrevista exclusiva con VISIÓN, Federico Villalobos, especialista en el financiamiento, evaluación y análisis de proyectos de infraestructura pública y privada, expresó su diagnóstico acerca de la forma más efectiva que deberían adoptar los países para mantener el interés de los inversionistas extranjeros a través de una infraestructura de punta.
Villalobos indicó que “hay una necesidad transversal. En primer lugar, hacer de la infraestructura una política de Estado y que no se convierta en un tema de un gobierno en particular, sino que haya una línea continua en el tiempo”.
Por supuesto, Latinoamérica se encuentra ante grandes desafíos en este sector, en algunas partes del continente se genera un impacto en la calidad de vida de las personas, por el déficit de obras que impacten positivamente la malla vial en las grandes ciudades, donde el tiempo en el transporte público es excesivo.
El experto considera que “América Latina todavía tiene unas brechas, las cuales algunos países han logrado cerrar más rápido, pero otros todavía tienen mucho por hacer para desarrollar esa infraestructura de una manera eficiente”.
VISIÓN: ¿A qué se refiere el concepto de infraestructura y cuál es la importancia de que un país tenga una infraestructura moderna, robusta y eficiente?
Federico Villalobos: La infraestructura abarca todos los campos de nuestro diario vivir. En este momento estamos utilizando las telecomunicaciones, para que otras personas puedan ver esta entrevista en su computadora o mientras se desplazan en el autobús o el tren.
Todo va más allá de simples obras, es un sistema de servicios. Desde el punto de vista productivo, es relevante observar cómo llegan esos artículos necesarios para los ciudadanos, y esto se debe a toda una cadena de producción.
Hay que cuestionarnos en cuanto a si los países cuentan con un sistema de generación de electricidad, si se pueden mover los productos finales y los insumos de una manera eficiente.
Es realmente a través de toda una red de infraestructuras existentes como se conectan los puertos y aeropuertos con los mercados internacionales. Pero también esto se refiere a otros sectores como infraestructura de salud y educación.
En este sentido, América Latina todavía tiene unas brechas, las cuales algunos países han logrado cerrar más rápido, pero otros todavía tienen mucho por hacer para desarrollar esa infraestructura de una manera eficiente.
A los economistas se nos olvida algo cuando decimos: “toda infraestructura genera desarrollo”; aunque es cierto, cuando se descubren sobrecostos altísimos en estos proyectos se determina si realmente se logró el cometido o no.
VISIÓN: ¿Cómo es la situación actual en cuanto a la infraestructura latinoamericana?
F.V.: Creo que en general todavía hay una brecha muy importante. Cuando vemos los comparativos internacionales, realmente no está al nivel de regiones como, por ejemplo: Europa, Asia y Norteamérica. Aún el continente no está a la altura para competir de igual a igual y tener un intercambio de bienes y servicios de una mejor manera.
Algunos países se han desarrollado más que otros en América latina, sobre todo en cuanto a inversión privada. Es el caso de la experiencia que han acumulado México, Colombia y Chile. Pero de alguna manera también Brasil y Uruguay quienes tienen mucho camino recorrido en esta materia.
Hay una necesidad transversal, en primer lugar, hacer de la infraestructura una política de Estado y que no se convierta en un tema de un gobierno en particular, sino que haya una línea continua en el tiempo.
Por lo general, cuando está en curso un proyecto y llega una nueva administración, casi siempre deciden suspender o cambiar la forma en que se venía operando el sistema de cobro de determinados servicios.
El Banco Mundial tiene un enfoque de cascada para elegir el modelo de financiación de este tipo de proyectos. Este consiste en analizar si lo puede hacer el sector público o se ajusta para que lo haga una empresa privada.
Entonces, hay que seguir esas gradas hasta que en última instancia se encuentre el endeudamiento público, porque el recurso es limitado y se debe usar para las actividades más sensibles. Lamentablemente se hace de otra manera, para cualquier proyecto, incluso aquellos financiados mediante inversión privada, preferimos recurrir al endeudamiento público.
Por ejemplo, hay carreteras que podrían pagarse en América latina con el recaudo de tarifas, al final de cuentas al usuario le viene bien, pero lo que pasa en el fondo es que quienes no utilizan la infraestructura la están pagando y hay recursos que pudiesen haber ido a otros proyectos.
VISIÓN: ¿Cómo está impactando la calidad de vida de las personas en América Latina que sus países se encuentren en un atraso en cuanto a la infraestructura?
F.V.: El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estima que América latina requiere invertir aproximadamente el 3% del Producto Interno Bruto (PIB) en infraestructura por año, para lograr los objetivos de desarrollo que se plantearon en su momento hasta el 2030. La región está en alrededor del 1.8% de inversión, lo cual representa una brecha importante.
Esto impacta la calidad de vida de las personas, al haber todavía espacio de mejora en las cadenas productivas, en los puertos, aeropuertos, ferrocarriles y carreteras. Por tanto, se traduce de forma inevitable en mayores costos en los bienes y servicios que adquieren.
También los ciudadanos sufren en muchas ciudades por el exceso de tiempo desperdiciado en el transporte público; pues esto representa espacios perdidos que podrían utilizar en desarrollar otras actividades más productivas.
Un tema clave pendiente en toda la región, es la cobertura de agua potable y saneamiento. El desafío es llevar a todos los hogares estos servicios y al mismo tiempo tratar las aguas residuales.
Del otro lado, está la necesidad de contar con los recursos e insumos suficientes para las actividades productivas, pero al haber un déficit se convierte en mayores precios o en algunos casos en escasez de algunas mercancías importantes. Esta es una cadena que va mina la calidad de vida de los ciudadanos.
VISIÓN: ¿Cómo influyen las condiciones de infraestructura en la llegada de inversionistas a la región?
F.V.: Esta pregunta tiene inicialmente dos partes, hay que atraer inversiones para el desarrollo de infraestructuras. Por tanto, el primer pilar implica generar las condiciones legales, de capacidad institucional y respeto al marco jurídico.
Esto nos lleva a lo que decía antes, es fundamental una política de largo plazo, porque es muy difícil que los inversionistas destinen recursos en un país a costos razonables, si se enfrentan al riesgo del cambio de condiciones con la entrada de un nuevo presidente.
La infraestructura es un elemento que permite atraer inversiones en otros sectores. Por eso es primordial contar con las redes eléctricas, carreteras, agua, ferrocarriles, puertos y aeropuertos, con fácil ubicación en nuestro continente para las plantas de producción. Para que, desde la perspectiva de una empresa, por ejemplo, norteamericana, sea más fácil ponerla en América latina porque además de estar más cerca cumple con las condiciones.
Son dos características las que debe tener un país, la red de infraestructuras y la credibilidad en los tiempos de ejecución de los proyectos. Es decir, cuando en una nación determinan construir un puerto clave para instalar empresas en determinada zona, es muy probable que esas inversiones se hagan de inmediato, porque saben que si establecieron realizarla en cinco años así va a ser.
Es un reto para América latina porque a veces para tener la infraestructura terminada pasan diez, quince o veinte años por los atrasos en las obras.
VISIÓN: ¿Por qué es necesario para las naciones crear esas (APP) Alianzas Público Privadas y por qué ellas mismas no pueden ejecutar esas grandes obras de infraestructura?
F.V: Los países, así como cualquier persona, tienen un límite en los compromisos financieros que pueden adquirir. Por tanto, una nación no puede, a través del endeudamiento público tradicional, acometer todas las inversiones necesarias en este sentido.
Por eso deben considerar incorporar la inversión del sector privado en aquellos casos en los que tenga la capacidad de desarrollar los proyectos. El objetivo de las APP no es solo llenar el espacio de financiamiento, sino realizar las obras de infraestructura con eficiencia.
De modo que, es importante diferenciar entre como se ha hecho siempre la obra pública y como se hacen las APP. La primera implica que el Estado contrata a una empresa para cada aspecto: el diseño de la carretera, la construcción y la entrega del proyecto.
Hay compañías privadas con las que se realizan alianzas, pero con responsabilidades muy limitadas. En las APP se procura que tengan un compromiso mayor de financiar, diseñar, construir, operar y hacer el mantenimiento. Ya no tienen la excusa de decir ‘yo construyo, y si pasa algo en cinco años mejor porque me van a llamar a repararlo’. Ahora es diferente y la empresa tiene un horizonte de largo plazo dónde está obligado cumplir un plan de negocios.
No hay un modelo mejor que el otro, los países deben tener los instrumentos dentro de una caja de herramientas a la mano para atender integralmente las necesidades de inversión.
VISIÓN: ¿A nivel general qué aspectos fundamentales debe reunir un buen proyecto de infraestructura para que sea atractivo a los inversionistas?
F.V.: Los inversionistas se fijan en la capacidad que tiene el proyecto de generar flujos de caja para reparar la inversión. Así mismo, indagan que los pagos vengan de los usuarios o del mismo gobierno, pero incorporados en el contrato, llámese de concesión o de APP. También se analiza si hay certeza de que el Estado tiene un buen récord de cumplimiento.
Igualmente, consideran si son tarifas, que haya disposición de pagar por parte de los usuarios. Sin embargo, las naciones deben tener un equilibrio entre generar condiciones a los inversionistas y garantizar que sea de una manera justa, para mantener el equilibrio.
Entonces, se contemplan en el contrato las garantías parciales o protecciones que se puedan tener. Del mismo modo, si hay alguna banca multilateral participando en el proyecto, ya sea el Banco Mundial, el (BID) Banco Interamericano de Desarrollo o el (CAF) Banco de Desarrollo de América Latina u otra organización similar, eso siempre genera tranquilidad.
Son los elementos que suelen ver, tanto los concesionarios potenciales, como quienes pueden llegar a ser financiadores, es decir, tener las condiciones de seguridad de manera equilibrada entre las partes, porque no se trata de garantizar todo al inversionista privado, sino de crear las condiciones equitativas y adecuadas.
VISIÓN: ¿Qué podemos aprender de los países que a nivel mundial han sido punta de lanza en cuanto a ese desarrollo de infraestructura?
F.V.: El tema primordial de ellos es que mantienen la política de Estado en el tiempo. Australia es un referente por mantener en este sector continuidad, independiente de que haya un cambio en la administración. Y también se destacan por la capacidad técnica en el sector público. Es un tema de capacidad y disciplina.
En esos dos temas, la verdad, América Latina sigue en esos vaivenes, aunque pareciera muy fácil hacerlos realidad, no ha sido así.
VISIÓN: ¿Podría darnos un ranking de los mejores en este sector tan relevante en Latinoamericana?
F.V.: De acuerdo con la comparativa regional el primero es Chile, porque tiene muchísimos años desarrollando su programa de concesiones, es de los pioneros en América Latina que ha logrado funcionar con una institucionalidad sólida.
Algo similar ha hecho Brasil, pese a que tiene características diferentes por ser un país grande con una organización federal, también de alguna manera ha seguido el desarrollo de APP.
Así mismo, Colombia desde que lanzó las 4G, todo su programa de concesiones ha sido un punto de referencia para el desarrollo de infraestructura con inversión privada. Ahora hay una discusión con el tema de pago de peajes, que es normal y natural en este tipo de esquemas. Pero lo ha logrado establecer.
Igualmente, México tiene una importante tradición de inversión privada en este rubro. Perú ha avanzado en el tema, no obstante, el importante reto que tiene en su estabilidad institucional en general, a pesar de ello, en el país siguen andando los proyectos.
Hay dos naciones emergentes, una es Uruguay, pues ha puesto en marcha, incluso concesiones, en estructura educativa y de alguna manera ha ido avanzando. Tiene un territorio pequeño, lo cual genera un limitante, pues los inversionistas también buscan tamaño de mercado para destinar su dinero, aun así, lo ha hecho bien en ese sentido.
El otro país con un potencial importante es Panamá, aprobó su ley de alianzas público-privadas en el 2019, luego pasó el desafío de ponerlo en marcha en pandemia; no es sencillo, pero está lanzando su primera licitación hace poco tiempo, sin embargo, tiene el potencial para despegar por su tradición. Además, tiene al lado a Colombia, que es un mercado consolidado y allí se puede generar una dinámica interesante.
VISIÓN: Es frecuente la corrupción de los recursos públicos que se han destinado para infraestructura en algunas naciones latinoamericanas. ¿Qué le sugeriría a los gobiernos para evitar que siga ocurriendo este problema?
F.V.: No hay vacuna del 100% a este problema, pero sí hay elementos que se pueden poner en marcha. Las mismas APP son un camino interesante. Cuando escucho los casos de corrupción en América Latina, pienso por alguna razón en inversión privada, pero la gran mayoría de los contratos que están detrás son de obra pública tradicional.
No es que las APP sean infalibles, sino que en estas alianzas hay muchos ojos, están los financiadores, los usuarios y los reguladores, entonces de alguna manera se genera un cruce que permite un autocontrol.
Hay dos elementos adicionales importantes que parecen triviales pero son relevantes, uno es la capacidad institucional, pues entre más tengan mejores personas a cargo de este tipo de proyectos desde el lado público, se va a garantizar un buen resultado, y de alguna manera se evitarán esos eventos. Esto implica, obviamente, un esfuerzo de parte de las administraciones públicas, porque para poder atraer personal de alto nivel se debe pagar acorde.
En muchos países cuando hay debilidad del lado público, se genera una alta probabilidad de que el sector privado, en aquellos casos donde han actuado de una manera indebida, pueda tentar al funcionario público diciéndole ‘ayúdeme aquí y luego se pasa de mi lado’. Estos funcionarios trabajan del lado público y luego pasan al privado, y así es como empiezan aquellas puertas giratorias que no son adecuadas para el desarrollo de infraestructura.
El tema de cómo tener buen talento y retenerlo es muy importante. El otro aspecto es la transparencia, pero bien entendida. Porque en muchos de nuestros países en los portales de los ministerios o de las instituciones públicas están todos los contratos y las licitaciones, y eso está bien, pero para el ciudadano promedio eso no es transparencia, pues nadie se va a poner a abrir un cartel de licitación o unos pliegos para entender qué pasó.
Me refiero en términos sencillos a tener fácil acceso a información cómo: por qué contrataron a una empresa, cuánto se le pagó y quiénes más compitieron. Por ejemplo, es más fácil encontrar detalles de proyectos en Australia que en América Latina, por el avance que tienen ellos en la apertura a los datos.
VISIÓN: Finalmente, ¿Cuál es la proyección que usted hace de la infraestructura en el continente?
F.V.: Latinoaméricana está en un periodo de transición que toma tiempo. Por muchas épocas estuvo dominada por la obra pública tradicional. Así como lo han logrado los países que puse de ejemplo, en el futuro van a generalizar los esquemas de inversión privada y de financiamiento a través de fondos de pensión y de inversionistas institucionales.
El pago por servicios públicos privados que tienen toda la dinámica alrededor de estas asociaciones se va a extender y estandarizar su aplicación en el continente, con el pasar de los años. Hacia allá va el camino porque no veo que haya otra forma en que se pueda cerrar la brecha en infraestructura que existe.