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Los caminos de la vida

Hace casi un año prometí no volver a escribir historias. Siempre las narro en primera persona y, al traer de vuelta el pasado, alboroto las aguas en la laguna del recuerdo a personas cercanas que terminan reviviendo momentos poco gratos de su vida pasada. Pero hoy debo expresar la deuda de gratitud que le debo pagar a Omar Geles, para mí, el más grande escritor de historias cortas de nuestro tiempo. Se necesita un talento especial para comprimir en una canción una historia que genera tanto sentimiento en el colectivo, que un gran escritor requeriría como mínimo 100 páginas para producir el mismo efecto y nunca tendría el mismo alcance, porque las canciones del Maestro Geles son como el viento, que no se ve pero sí se siente. Su canción emblemática, con el paso del tiempo, se convertirá en la canción colombiana más universal y las nuevas generaciones en el continente, muy seguramente también entenderán, que “los caminos de la vida no son como pensábamos o imaginábamos, no son como creíamos y además son muy difíciles de andar.”

Gracias a las canciones de Omar Geles, hoy soy un hombre distinto. El miedo que sentí cuando el ocaso comenzó a inundarme la vida y la angustia ante la certeza de que la historia me ignoraría, desaparecieron por completo y terminé entendiendo a Charles Chaplin, repitiendo su historia de amor y comprendiendo su motivación para escribir la canción *Candilejas*.

En aquel entonces abordé el taxi, al salir del hotel en una calle del microcentro en Buenos Aires. El taxista, un uruguayo simpático que hablaba hasta por los codos, y quería congraciarse conmigo, me decía que era injusto que Uruguay, por un gol a favor, le quitara el derecho a Colombia de jugar el repechaje y vaticinó que Uruguay perdería con Australia y tampoco iría al mundial, como efectivamente pasó. Luego prendió la radio y comenzó a sonar en la emisora sintonizada, la canción “Los caminos de la vida”. Me pareció raro escuchar en Argentina esa canción, donde siempre escuchaba de Colombia a Juanes, Shakira o Carlos Vives.

Un mes más tarde, estaba en Ciudad de México, hospedado en el hotel El Ángel, en Reforma, cerca del Ángel de la Independencia. Me invitaron unos amigos a un almuerzo en su casa y a comer pan de los muertos. Es una costumbre muy arraigada en la cultura mexicana, donde rinden culto a la muerte. Les pedí que no me recogieran, que yo tomaría un taxi, y así lo hice. Cuando subí al taxi, estaba sonando la canción de Omar Geles, interpretada por Los Diablitos, “Los caminos de la vida”, y recordé la experiencia de Buenos Aires días atrás. Me sorprendió que en la tierra del tango y de las rancheras esta canción ocupara un lugar importante en las emisoras.

Años más tarde conocí a Taty, mi actual pareja, quien, después de recibirme con un par de tatequietos acompañado de un enorme desparpajo que eliminaba cualquier posibilidad de acercamiento, le comenté la experiencia de Buenos Aires y de Ciudad de México. Cuando le dije que esa canción era de otro compositor, salió en defensa del folclor vallenato y de Omar Geles, y se me hizo el milagro. Una vez que fluyó el diálogo entre nosotros, me fue fácil entrar a su corazón y acariciarlo con mis palabras. Mi constancia y los detalles hicieron el resto.

Logré convencerla de que trabajara conmigo en un hostal en las Islas del Rosario, que yo administraba. Una mañana amanecí tarareando una canción que no recordaba haber escuchado nunca. Taty me dijo que se llamaba “A besitos”, era de Omar Geles y la cantaban Los Diablitos. Esta canción se convirtió en una especie de himno para los dos y fue el detonante que creó esa atmósfera tan especial que nos juntó como pareja y, en mi caso, fue como un bálsamo que dio sanidad a mi espíritu, lleno de cicatrices de batallas perdidas, de traiciones dolorosas, de odios incontrolables hacia una sociedad que veía injusta y despiadada.

Todo esto pasó como una película por mi mente cuando entré a la habitación y encontré a Taty cabizbaja y con los ojos humedecidos. Le pregunté qué pasaba y me respondió: "Murió Omar Geles."

Nunca fui amigo de Omar Geles, no lo conocí personalmente, pero esa forma especial que él tenía de explorar al género humano y de transmitir sus sentimientos y sus vivencias a través de sus canciones ha funcionado como un catalizador en nuestras vidas. Por eso sentimos su partida como si hubiera muerto uno de los nuestros; sentimos un gran vacío en nuestros corazones y hoy canciones como “La falla fue tuya”, “No intentes”, “Ya tengo quien me quiera”, “Hasta cuándo señor”, “A besitos”, suenan más tristes que de costumbre, como si un manto invisible de dolor y tristeza las cubriera.

Entiendo que en la Vía Láctea hay miles de mundos igual al nuestro. Vivimos tan enredados y atrapados en la vida yugular que ni siquiera nos damos cuenta de ello. Venimos a la tierra a cumplir una tarea y, con excepción del profeta Elías y de Enoc, nadie sale vivo de ella. Creo que Omar Geles cumplió a cabalidad su misión. Nos enseñó que “los caminos de la vida no son como pensábamos o imaginábamos, no son como creíamos” y entregó en sus canciones las herramientas para que los seres humanos puedan desarrollar en el ejercicio de vivir su más noble e importante tarea: AMAR.

Author

Jorge Barros

Periodista colombiano especializado en temas políticos y económicos. Escritor y director de la revista VISIÓN desde el año 2002.