Mateo Noguera: Un joven con la visión de servirle a su país gana beca de la Universidad de Yale
Mateo Noguera es un colombiano de dieciocho años que acaba de recibir una beca para estudiar en la prestigiosa Universidad de Yale en Estados Unidos. Forma parte de una familia de misioneros; sus padres le infundieron un profundo sentido de fe y servicio comunitario. Su experiencia en actividades benéficas dejó una marca en su carácter y sus aspiraciones.
Sin dominar el inglés inicialmente, el joven tuvo la determinación de aprender el idioma con la ayuda de tutores cristianos y el apoyo de la escuela pública a la que asistió. Este esfuerzo dio resultados cuando logró comunicarse fluidamente en solo tres años. Durante su educación secundaria, Mateo quiso destacarse académicamente; por eso tomó cursos avanzados y participó en actividades extracurriculares que enriquecieron su preparación integral. Aunque tuvo que enfrentar grandes desafíos, mantuvo un alto rendimiento escolar, obteniendo una beca para estudiar en Wheaton Academy, una escuela cristiana donde encontró mentores y amigos que lo guiaron en su formación educativa y espiritual.
Mateo no solo se destacó en su escuela secundaria, sino que también demostró un fuerte compromiso con su comunidad y su fe. Su deseo de impactar positivamente en la vida de otros y su pasión por la justicia social lo llevaron a aplicar y ser aceptado en la prestigiosa Universidad de Yale. Planea estudiar ética, política y economía con la meta de trabajar en el gobierno y eventualmente ayudar a su país natal, Colombia. Noguera es un ejemplo de perseverancia y dedicación; es una fuente de inspiración para jóvenes de todo el mundo que buscan alcanzar sus sueños y contribuir al bienestar de sus comunidades.
VISIÓN: ¿Cómo llegaste allí y cómo fue tu historia hasta este momento?
Mateo Noguera: Yo nací en Bogotá, Colombia, y mis padres fueron misioneros por muchos años en Brasil, Chile y otros países de Sudamérica. En esa época, tenían una fundación llamada Misión de Amor Colombia. Cuando era niño, recuerdo que con mi familia trabajábamos en eventos en los orfanatos. En las navidades traíamos regalos y cantábamos la historia de Jesús. Teníamos muchas actividades durante esa temporada.
Vengo de una familia de siete hermanos, de los cuales soy el más joven. Todos están en distintos lugares del mundo. Mi hermana mayor, Susana Noguera, vive en Cuba; se casó con un diplomático de Polonia. El segundo vive en Barcelona y es arquitecto. El tercero vive en Buenos Aires, Argentina, y trabaja como programador de software. El resto estamos aquí en Chicago. El segundo hermano más joven se acabó de mudar de la casa de mi mamá. Estamos todos muy emocionados porque Dios nos ha bendecido mucho en este país.
Cuando llegué a los Estados Unidos en 2014, no sabía inglés, solo algo muy básico que me enseñaron en una escuela en Bogotá llamada Bosques de Sherwood. Aprendí un poco del idioma, pero no era nada comparado con lo que tenía que saber para estar aquí. Entonces conseguimos unos tutores cristianos de una organización que se llama Farther Foundation, que me ayudaron con el inglés. Gracias también a mi escuela pública, pude aprender relativamente rápido; en solo tres años tenía un nivel de inglés fluido, ya podía hablar, escribir y leer.
También muchas iglesias en esta área, entre ellas Wheaton Bible Church y Mission Church, nos ayudaron en aspectos espirituales y físicos porque para nosotros no fue muy fácil. Mis padres se divorciaron cuando llegaron aquí a los Estados Unidos. Esa transición de un hogar más unido de misioneros a estar acá sin saber el lenguaje y sin tener ambos padres en el hogar fue un cambio muy difícil, pero gracias a estas iglesias y a la misericordia de Dios estamos bien.
Después del octavo grado, entré a un high school, un bachillerato privado, porque me gané una beca. De donde acabo de graduarme se llama Wheaton Academy; es una escuela cristiana y es un lugar muy especial para mí porque ahí conocí a mis mentores, mejores amigos y a los profesores que me cambiaron la vida. No solo me ayudaron en el área académica, sino también social y espiritual. En esa escuela cristiana fue donde pude acercarme al Señor.
VISIÓN: ¿Cuál es tu perfil académico y cómo fueron tus notas en el colegio?
M.N.: Tomé las clases más difíciles que ofrecía mi escuela, que se llaman AP (Advanced Placement en inglés), que sirven para recibir crédito de la universidad. Tomé doce de esas clases durante cuatro años. Algunas de ellas fueron química universitaria, dos clases de inglés, una de lectura, otra de lenguaje para aprender a escribir y dar charlas. También estuve en algunos niveles de español para refrescar la memoria. Una clase que se llama AP Seminar es de escribir, pero ensayos científicos más académicos. También tomé cálculo y estadísticas. El verano pasado tomé una clase en la Universidad de Georgetown sobre relaciones internacionales gracias a una organización que se llama Outreach Community Ministries. Me dieron la beca porque es muy costoso para mí.
VISIÓN: ¿Esas materias que escogiste influyeron para que pudieras entrar a la Universidad de Yale?
M.N.: Cuando uno aplica a las universidades, reciben un informe sobre los cursos que uno ha tomado y las notas. Yo en bachillerato nunca saqué menos de 90 en ninguna de mis clases. Entonces tuve un promedio alto. Gracias a eso me gradué con honores y con las distinciones que daba mi escuela, lo que también me sirvió.
VISIÓN: ¿Qué ventajas tienen, desde tu punto de vista, escoger una universidad así?
M.N.: Las universidades Ivy League son muy prestigiosas, tienen un nivel académico muy alto y son generosas dando becas. Eso para mí fue importante porque yo necesitaba una beca para estudiar. Apliqué a varias de esas instituciones con ese propósito porque son muy generosas financieramente. Para mí es muy importante tener un trabajo donde pueda ayudar a los inmigrantes. Entonces quería tener un trabajo en derecho y la Universidad de Yale es muy conocida por eso, por sus conexiones con el gobierno y la política de los Estados Unidos.
VISIÓN: ¿Cuáles son esas áreas específicas en las que tú trabajaste más para poder entrar a Yale?
M.N.: Lo que me ha ayudado mucho fue que en mi escuela no todos los periodos son seguidos. Uno tiene la primera clase, la segunda y después en la mitad tiene una charla que se llama la capilla donde todos los estudiantes nos reunimos y escuchamos a un pastor o a alguno de los profesores que nos da una charla sobre el Evangelio. Eso rompía la rutina un poco, pero en los tiempos de clase uno tenía que estar muy enfocado y tomar notas porque había cursos muy difíciles de entender. La mayoría del aprendizaje que hice fue en casa porque los periodos no eran suficiente tiempo para entender toda la información que nos estaban dando los maestros.
Durante el tiempo que estaba en clase, estaba repasando lo que ya había aprendido en casa. Las clases más difíciles las estudiaba en casa por adelantado. Yo miraba todo tipo de videos online de esta organización que tiene las clases universitarias en línea. Veía diferentes profesores hablando sobre lo que iban a hablar en clase. Entonces no era tanto como tenía que aprender todo en la clase. Era más repasar y llegar a clase a hacer preguntas sobre lo que ya había aprendido o acerca de lo que ya tenía una idea. Esto solo lo hacía en las clases más difíciles como química y cálculo, pero había otras para las que no tenía tiempo.
Yo también tomé muchas clases durante el verano, por las que me tocó ahorrar. Entonces yo trabajaba en el verano y, con la ayuda de mi mamá, pagaba esos cursos. Y con eso pude avanzar en mis estudios porque si tomaba los cursos me dejaban inscribirme en clases más avanzadas en el año escolar. Yo tomé en el verano química avanzada entre noveno y décimo grado. Y eso me dejó tomar química universitaria durante el décimo año. Yo diría que esos cursos online y poder adelantarme de lo que iban a hablar en la clase antes de ir me ayudaron mucho. No era necesario en todas las clases, pero sí en las más difíciles.
VISIÓN: ¿Cómo influyeron tus padres en tu formación académica y personal?
M.N.: Mi mamá es una mujer extraordinaria. Ella fue misionera, llegó de un pueblo pequeño a las afueras de Medellín. Sus padres eran gente muy humilde. La idea de venirnos a Estados Unidos fue de ella. Muchas de sus organizaciones que te estaba diciendo, ella las encontró. Mi mamá trabaja muy duro en todo tipo de cosas, vende cosméticos para que funcione nuestra situación aquí. Puedo estudiar y trabajar porque sé que cuando llegue a casa habrá comida en mi cuarto, tengo lo básico y sin ella no sería posible. La ayuda de mi papá también ha sido fundamental, gracias a él ya tenemos la ciudadanía. Y él también trabaja muy duro en una fábrica con unas máquinas para imprimir sobre objetos. Él me apoyó mucho financieramente en mis estudios y ha sido un mentor y me ha ayudado espiritualmente.
VISIÓN: ¿Cómo es el proceso para entrar a la Universidad de Yale?
M.N.: Es necesario comenzar a prepararse relativamente joven. Yo tenía esta meta desde hace mucho tiempo atrás, pero el momento clave fue cuando entré al bachillerato. Precisamente ahí es el momento de tomarse los estudios muy en serio, uno no puede tomar los cursos más fáciles, sino los del nivel avanzado. Por eso tomé las clases de verano para avanzar un poquito más porque no eran suficientes los cursos que recibía antes. Es necesario tomar los cursos más difíciles dentro de la propia capacidad, es lo más importante. Yo nunca pude tomar física, pero si uno puede tomar esas clases más avanzadas, lo debería hacer.
También hay que ser parte de muchos clubes en la escuela y participar en actividades extracurriculares. Yo fui presidente de un club sobre negocios que se llama DECA, con ellos pude viajar y participar en competencias de estudiantes de todo el país. Me fue muy bien y esto me favoreció mucho cuando estaba aplicando a la universidad. Asimismo, también es importante ser un líder en la comunidad. Como te decía, recibí ayuda de una organización que me enseñó inglés, y ahora que tengo un nivel mejor, ofrezco mi tiempo una vez a la semana para que otros niños aprendan el idioma. También trabajé con esa misma organización haciendo una pasantía.
Esto fue muy bueno para mí porque pude ver todo el trabajo que requirió que ellos me ayudaran a mí y después devolver un poco de eso. Fue una oportunidad para escribir sobre eso cuando estaba aplicando a la universidad. Mi escuela requería una pasantía para graduarse, pero hice dos. Una con esa organización que te acabo de mencionar y anteriormente realicé una con una consultora de negocios. Entonces hay que mantener el nivel académico muy alto y también hacer actividades extracurriculares.
VISIÓN: ¿Qué carrera vas a estudiar y cuáles son tus planes a futuro?
M.N.: Voy a estudiar ética, política y economía. Es una carrera que dura cuatro años y después derecho para trabajar en el gobierno. Siempre he querido trabajar con el Estado, si es posible en Colombia de alguna manera o aquí en los Estados Unidos.
Quiero estudiar un posgrado en derecho. Esta carrera la escogí porque me interesa mucho la ética y esos tres elementos los debo tener en cuenta para formarme como líder en el gobierno. Estos aspectos contribuyen a sacar un país adelante: la ética, la política y la economía. Espero poder ejercer en Colombia para ayudar a mi país, que está teniendo tantos problemas. Si es posible, quiero hacerlo como político, a los colombianos, así sea aquí en los Estados Unidos.
VISIÓN: ¿Qué les dirías a los jóvenes que quieren entrar a una universidad como esta?
M.N.: Aunque estas universidades son muy reconocidas, famosas y prestigiosas, tal vez no es tan importante a dónde estudias, sino qué haces con lo que tienes. Una persona puede tener un impacto más grande con una educación muy sencilla y humilde que cualquier otra que fue a una de esas universidades como Harvard u otra. Uno puede ir a cualquier universidad y que le vaya bien en todo. Uno no debería poner su valor personal en eso, porque al fin del día es una oportunidad y una bendición, pero no es para todos.
Dios tiene diferentes caminos para que seamos un impacto en el mundo. Ninguno de mis padres pudo terminar su carrera universitaria y, sin embargo, tuvieron un impacto muy grande en su comunidad como misioneros y con su fundación Misión de Amor Colombia. No es el fin del mundo si uno no puede entrar a esas universidades, pero debería ponerse una meta alta y trabajar hacia eso. Entonces mi consejo es tomar las clases más difíciles que están en su alcance.
Y también no olvidarse por qué está haciendo lo que hace; es un desafío muy grande y uno debe tenerlo muy claro, acordarse de que Dios nos ama no importa a cuál universidad vayamos. Profesionalmente, nosotros estamos aquí para servir a nuestros hermanos y hermanas. No debemos estar en la universidad más prestigiosa para servir, y eso es para lo que estamos en este planeta.