El principio de responsabilidad total
Hola ,
En esta nueva edición de la serie "Charlas Semanales", abordamos uno de los temas más importantes en términos de éxito y eficacia personal: el principio de responsabilidad total.
Uno de los principios cardinales del éxito
Sea cual sea el contexto, si queremos mejorar como individuos y asimilar una de las características básicas de todas las personas de éxito, lo primero que tenemos que comprender necesariamente es que somos nosotros quienes debemos asumir toda la responsabilidad de nuestro mundo.
No hay nadie a quien podamos culpar, nadie a quien podamos señalar con el dedo, nadie en quien podamos delegar nuestros fallos y fracasos, nadie.
Todas las personas que alcanzan la excelencia son aquellas que asumen tres pautas de comportamiento específicas reconocen sus errores y admiten sus fracasos; asumen plena responsabilidad por esos errores y fracasos; desarrollan un plan de acción para mejorar y ganar.
Todas las personas de éxito no limitan su responsabilidad al trabajo que realizan para alcanzar un determinado objetivo. Asumen la responsabilidad de todo lo que, de un modo u otro, repercute en su objetivo.
El principio de responsabilidad total
El principio de responsabilidad total, extrapolado del proyecto Modelos de éxito, afirma que si quieres alcanzar tus objetivos, tienes que asumir la responsabilidad total de todo lo que repercuta en ellos.
Esto significa que no debes culpar a ningún factor externo. Debes llegar a la conclusión de que la culpa (= responsabilidad) de no alcanzar un determinado objetivo es sólo tuya y de nadie más ni de nada.
A pesar de que este principio es una de las piedras angulares del éxito, asimilar esta actitud y convertirla en un modelo de comportamiento real resulta difícil para la gran mayoría de las personas.
Admitir que la responsabilidad de nuestras vidas es completa y totalmente nuestra, para bien o para mal, significa que si no estamos viviendo la vida que queremos, tal vez, hayamos hecho más de una cosa mal.
Esta admisión nos aterra a la mayoría.
Si queremos mejorar nuestra condición humana y evolucionar, el primer paso es superar el miedo a asumir la plena responsabilidad de nuestras vidas.
Asumir la plena responsabilidad y convertirla en una actitud constante repercute en muchísimos ámbitos de la existencia (desde el crecimiento personal hasta los negocios y el liderazgo).
La trampa de la desresponsabilidad
Como individuos, tendemos a justificar nuestros fracasos culpando a factores externos y asumiendo una total desresponsabilidad.
Se trata de una actitud protectora que nuestra mente pone en marcha para protegernos del dolor que nos causa saber que es culpa nuestra.
Preferimos vivir en la seguridad ilusoria de culpar a alguien o a algo en lugar de admitir que si no conseguimos lo que queríamos es porque no creímos/trabajamos/resistimos lo mejor que pudimos.
La falta de responsabilidad es la causa fundamental de muchos fracasos en nuestras vidas.
Nuestra responsabilidad por el fracaso es una de las cosas más difíciles de aceptar porque nos da un enorme poder: el de la responsabilidad por nuestro éxito.
De hecho, si queremos crecer y mejorar como personas, aceptar plenamente la responsabilidad de nuestros logros nos da un poder inmenso para hacer de nuestra vida lo que queremos que sea y esforzarnos por conseguirlo.
Al mirar la vida a través de la lente de nuestra responsabilidad, todo se reconfigura de tal manera que miramos las cosas con hiperrealismo y aceptación por nuestros logros y fracasos.
La consecuencia es la capacidad de dejar a un lado el ego, mirar nuestros puntos débiles y trabajar para mejorar.
La razón más importante de tu fracaso
Todos, al menos una vez en la vida (casi siempre en la realidad), hemos culpado de nuestros fracasos a entidades como:
• nuestros padres
• nuestros socios o compañeros;
• el Estado,
• nuestra pareja,
• acontecimientos externos
Sin embargo, con demasiada frecuencia pasamos por alto el elemento fundamental de la ecuación: nosotros mismos. Somos el único elemento sobre el que tenemos un control total y somos, al mismo tiempo, el único elemento al que no culpamos de lo que no conseguimos.
El problema es que, como seres responsables de nuestra vida y de todo lo que gira en torno a ella, la razón por la que fracasamos somos nosotros mismos.
Cuando culpamos de nuestro fracaso a factores externos, no nos damos la oportunidad de introducir las mejoras que nos permitirían hacer las cosas de forma diferente y más eficaz.
Al hacerlo, perdemos valiosas oportunidades de lograr nuevos y mejores resultados.
Cuando se pierde, a menudo se gana
Pasar de una mentalidad de irresponsabilidad a otra de responsabilidad total no es algo inmediato ni sencillo.
Requiere comprendernos a nosotros mismos y aceptar que esta irresponsabilidad es el resultado de muchas causas concomitantes, entre ellas los modelos culturales a los que estamos expuestos cada día.
Somos seres capaces de grandes cosas, pero también tan frágiles, y con demasiada frecuencia esta fragilidad se acepta de buen grado y sin ningún trabajo interior que nos haga darnos cuenta de nuestro verdadero poder.
La cruzada de los Modelos de Éxito es precisamente eso: hacer que la gente se dé cuenta de que todos somos personas potencialmente exitosas (sea lo que sea lo que esa palabra signifique para ti).
De hecho, hay un potencial dentro de cada uno que no tiene límites y que puede utilizarse a voluntad para lograr lo que uno desea. Siempre ha sido así y siempre lo será.
Si estas palabras le parecen fantasiosas o trivialmente motivadoras, sepa que el proyecto Modelos de Éxito lo demuestra plenamente.
Basta con mirar a todas las personas que se nombran en el proyecto o de las que se extrapolan los principios del éxito. Todas ellas son personas que existen realmente y que han alcanzado metas concretas y mensurables.
Ese potencial que mencionaba antes tiene que ver precisamente con el principio de responsabilidad total.
Somos los comandantes de nuestras vidas y, como tales, debemos asumir la responsabilidad de lo que nos ocurre.
Si algo sale mal o no conseguimos lo que nos proponemos, lo único que debemos hacer es acostumbrarnos a culparnos a nosotros mismos de nuestro fracaso.
Sólo asumiendo la responsabilidad de nuestro fracaso tenemos la oportunidad de trabajar en nuestra propia superación e intentarlo de nuevo.
Por eso, cuando las cosas van mal, tenemos que callar nuestro ego recordándonos que todo gira en torno a nuestro objetivo y que somos nosotros quienes hacemos que las cosas sucedan.
Sin embargo, no somos infalibles.
Una buena pregunta debería ser: "¿Cómo puedo aplicar mi plan de forma más eficaz para lograr el objetivo?".
Con esta pregunta, nos empoderamos y nos comprometemos a encontrar formas mejores y alternativas de alcanzar nuestros objetivos.
Y en este contexto, perder significa ganar, porque con el principio de responsabilidad total, nos estamos dando la oportunidad de convertirnos en mejores personas y (re)intentar realizar nuestros planes.
Estricta autoevaluación de nuestros resultados
Las personas que alcanzan la excelencia asumen la responsabilidad de sus errores y carencias e intentan remediarlos.
Si queremos aprender de nuestros errores y fracasos, lo que tenemos que hacer es una autoevaluación honesta y estricta de nuestros resultados.
Cuando somos capaces de dejar a un lado nuestro ego y utilizar nuestra autoconciencia para mirar en nuestro interior y ver nuestros pensamientos, nuestras acciones y nuestro comportamiento, y asumir la responsabilidad de todo ello, nos daremos la oportunidad de hacerlo mejor.
La mayoría de la gente no es capaz de hacer esto, pero tú no eres la mayoría de la gente porque, tal y como te he mostrado en este correo electrónico, puedes asumir en cualquier momento la responsabilidad total de tu vida y hacer con ella lo que desees.
¡Vive responsablemente!
Adiós y hasta la próxima,
Coach Max De Vergori - Modelos de Éxito