El dólar y su origen español
Los reales de a ocho fueron la primera divisa universal, porque no solo circulaban en Europa y en América, sino también en Asia. El famoso Galeón de Manila español, que hacía un trayecto anual entre México y Filipinas, la primera globalización comercial, transportaba estas monedas para cambiarlas por los productos exóticos del Oriente como sedas, porcelanas o mantones de Manila, y la moneda española, aceptada y apreciada por los comerciantes de todo el mundo, llegaba así a muchos rincones del Oriente. De hecho, los comerciantes chinos solo aceptaban estos pesos españoles de plata a cambio de sus mercancías.
Pero también circulaba la moneda española en las Trece Colonias británicas de América del Norte, mucho antes de que declararan su independencia. Por la dificultad de las navegaciones llegaban pocas libras esterlinas a las colonias, y era mucho más fácil surtirse de los cercanos y acreditados reales de a ocho acuñados en México que de libras inglesas, de modo que en las Trece Colonias la moneda española circulaba normalmente, y era conocida primero como «spanish thaler», pasando después a «spanish daller», y más tarde a «spanish dollar».
Cuando llegó el momento de la emancipación de las colonias, los flamantes Estados Unidos repudiaron formalmente la moneda británica y se vieron en la necesidad de acuñar moneda propia. Pero resultaba difícil introducir en el comercio un valor nuevo, y por ello se recurrió al que entonces lo poseía en grado superlativo en todo el mundo: el peso duro, la moneda española real de a ocho, la referencia monetaria indiscutible. Había muchas de estas monedas en circulación en las Trece Colonias, y tenían la garantía de su prestigio y de su depurado contenido de plata, de modo que el real de a ocho de la monarquía española se convirtió en la base de la moneda de los Estados Unidos.
La paridad del dólar americano fue unida oficialmente a la moneda española, y el «spanish dollar», llamado así durante mucho tiempo, convivió durante largos años con el «dollar» americano. Ambas monedas, la americana y la española, circulaban por igual y con el mismo valor en los Estados Unidos, y por cierto que sus ciudadanos, siendo idéntico el valor nominal, preferían con mucho los pesos o duros españoles que los nuevos dólares americanos, porque los españoles tenían más prestigio y mayor contenido físico de plata. La moneda española estuvo vigente en Estados Unidos hasta el año 1857, cuando se prohibió su uso.



