De tostadas, billetes y un tal Alan McMasters
Estoy bastante seguro de que si les pidiera sacar el teléfono inteligente de sus bolsillos o bolsos, en el 99% de los casos encontraría instalada la app de OpenAI. Y algo que a estas alturas parece obvio: estoy seguro de que saben que hace poco más de un mes, en septiembre si no me equivoco, se lanzó el nuevo modelo increíble, inimaginable, que piensa y razona, llamado O1, una herramienta asombrosa. Lo que probablemente no saben es que, durante la fase de desarrollo, los programadores le dieron un nombre en clave: “Strawberry” (fresa).
A propósito de fresas, ¿alguna vez le han preguntado a GPT-4 cuántas “r” contiene la palabra “strawberry”? Es una pregunta tan simple que un niño pequeño podría contestar, porque basta con contar: “straw-berry” tiene tres. Y, sin embargo, si le preguntamos a GPT-4, responde que tiene dos. Un error. No se lo pregunté una, dos o tres veces, sino decenas de veces, y siempre, con gran seguridad, me respondía: “Claro, Andy, la palabra strawberry contiene solo dos ‘r’”.
Esto es extraño. No puedo explicar exactamente por qué ocurre sin entrar en detalles técnicos sobre los LLM y las “chain of thoughts” (cadenas de razonamiento) que serían aburridos, pero los desarrolladores eran conscientes del error y, al implementar O1, hicieron ajustes para corregirlo. Sin embargo, si ahora le preguntamos al nuevo modelo cuántas “r” contiene “strawberry”, vuelve a responder… dos. Otro error. Entonces surge la pregunta: ¿cómo podemos confiar en una herramienta tan impresionante si falla en algo tan elemental? Si no sabe contar las letras de una palabra, ¿cómo estar seguros de que la información que nos da es correcta?
Esta reflexión, casi filosófica, me la hice hace un mes al descubrir este error, y me recordó quizá la historia más fascinante que conozco, que decidí contarles. Para ello debo retroceder en el tiempo, antes de empezar a subir videos a YouTube. Exactamente hace 10 años, en 2015, cuando trabajaba como enfermero en cirugía abdominal en el Reino Unido, en una pequeña ciudad del centro de Inglaterra llamada Nottingham. Como muchos italianos en el extranjero, sufrí el famoso “choque cultural”, que para nosotros pasa, inevitablemente, por la comida. En mi caso, el primer impacto fue el desayuno inglés: frijoles, champiñones, tocino, huevos… y, sobre todo, el “toast” (tostada).
En Inglaterra el pan tostado es una institución. En todos lados te preguntan: “¿brown or white toast?” (integral o blanco). Se habla en las noticias, en la publicidad, en programas de cocina. Con el tiempo, esa rareza se volvió costumbre y luego dejé de notarlo. Hasta que, en abril de 2018, leí en el Nottingham Post que el Banco de Inglaterra buscaba nuevos personajes para aparecer en el reverso de los billetes. Por curiosidad, fui al sitio web y descargué el PDF con la lista de candidatos para el billete más importante, el de 50 libras. Allí, en la primera columna, fila 17, encontré un nombre que me resultaba familiar: Alan McMasters.
¿Quién era Alan McMasters? ¿Por qué lo conocía? ¿Y qué tenían que ver los “toast” con todo esto?
La historia nos lleva a 1865, a las Highlands escocesas, en un pequeño pueblo cerca de Fort Augustus. Un día gris, entre colinas verdes y ovejas pastando, se escuchó el llanto de un recién nacido: Alan McMasters. Su madre, Joyce, lo recordaba como un niño fascinado por las máquinas agrícolas y, sobre todo, por las máquinas de vapor. Creció, estudió ingeniería en Edimburgo con el prestigioso Fleming Jenkin, y se graduó con honores. Su primer gran trabajo fue en el metro de Glasgow, donde ideó un innovador sistema eléctrico de iluminación. Enamorado de la electricidad, se mudó a Londres para trabajar en una pequeña compañía, soñando con cambiar el mundo como Edison y Tesla.
En 1893, regresando a casa agotado, solo tenía un trozo de pan y pensó: “¿Y si lo caliento con electricidad?”. Usando una batería rudimentaria y filamentos de níquel, logró dorar el pan de forma uniforme. Así nació el primer prototipo de tostadora. Un año después, presentó su invento en la mayor feria tecnológica del Reino Unido: un éxito inmediato. La tostadora eléctrica entró en miles de hogares.
Pero en 1896 ocurrió una tragedia: una mujer murió electrocutada al usar una tostadora en el baño, cayendo con ella en la bañera. McMasters fue juzgado, pero absuelto. El caso llevó a que se establecieran las primeras normas eléctricas en el Reino Unido, motivo por el cual hoy no hay enchufes en los baños británicos.
McMasters siguió innovando: en 1901 rediseñó la iluminación del metro de Londres y, en 1904, inventó el hervidor eléctrico (kettle). Nunca se casó ni tuvo hijos. Murió en 1936 por complicaciones de sífilis, recordado como un héroe nacional, candidato para aparecer en el billete de 50 libras.
Pero aquí está el problema: Alan McMasters no existió.
Nunca inventó la tostadora. Todo lo demás, la lista del Banco de Inglaterra, las menciones en medios, los homenajes, era real, pero el personaje era ficticio.
En 2012, dos estudiantes británicos, Alan y Alex, escucharon a un profesor advertir sobre la poca fiabilidad de Wikipedia y decir: “Cualquiera podría inventarse al creador de la tostadora”. Ellos, por diversión, lo hicieron: inventaron la biografía de McMasters, crearon una foto falsa y la subieron a Wikipedia. Contra todo pronóstico, fue aprobada.
En septiembre de ese mismo año, The Mirror publicó un reportaje sobre grandes inventores británicos, incluyendo a McMasters. Con el tiempo, museos, el gobierno escocés, la BBC e incluso MasterChef le rindieron homenaje. Durante 10 años, su historia se mantuvo online, hasta que en 2022 un adolescente notó que la foto estaba claramente editada, lo publicó en Reddit y los curadores de Wikipedia la eliminaron.
Un simple chiste universitario se convirtió en “historia” para miles de personas.
La moraleja: las herramientas y tecnologías que usamos son poderosas y fiables, pero no siempre. Todo debe verificarse en múltiples fuentes antes de compartirlo. La curiosidad es la capacidad humana que nos lleva a investigar y descubrir la verdad.
Por cierto, la tostadora fue inventada en 1909 por un estadounidense llamado Frank Shailor… al menos, eso dice Wikipedia. Y, en 2021, el Banco de Inglaterra eligió para el billete de 50 libras a otro Alan, no McMasters, sino Turing: matemático, criptógrafo, considerado el padre de la inteligencia artificial, la tecnología que, como la electricidad en su época, habría fascinado a McMasters… si hubiera existido.
Extracto de la participación de Andy Franco en Marketers World Italia. Derechos reservados a su autor.