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Carlos Terán, de Turbo a Chicago con los sueños por bandera

En las calles de Turbo, Antioquia, comenzó la historia de un niño que jugaba al fútbol sin imaginar que un día vestiría la camiseta del Chicago Fire en la Major League Soccer. Carlos Terán, defensa central colombiano, repasa con VISION su camino, desde sus primeros toques en el barrio hasta sus sueños de jugar en Europa y defender a la Selección Colombia.

VISIÓN: Carlos, ¿cómo fueron esos primeros pasos en el fútbol y qué recuerdas de tus inicios antes de llegar a una academia profesional?

Carlos Terán:
En Turbo siempre jugué en la calle, hasta que mi familia se fue para Medellín, cuando yo tendría por ahí unos ocho, nueve años. Y nada, cuando llegamos allá empecé en una escuelita cerquita del barrio, porque unos compañeros me invitaron a jugar, y de una me metí a mi primer club.

Ese club se llamaba La Bombonera. Lo manejaba un señor que se llama Don Rodrigo, que todavía sigue ahí, ya bien mayor, pero firme. Yo todavía paso, lo saludo, hablamos un rato; de casualidad Don Rodrigo es familiar del futbolista Edwin Cardona.

Con Don Rodrigo estuve como seis meses, más o menos. Después ya me fui para un equipo un poquito más serio, porque La Bombonera era como más de barrio, jugábamos torneos locales y eso.

Entonces pasé a Talento Junior, y ahí sí hice prácticamente toda mi academia. Estuve desde los nueve, diez años, hasta los dieciséis o diecisiete, cuando ya llegué a Envigado.

VISIÓN: ¿Cómo fueron los comienzos en el Envigado? ¿Pasaste por pruebas? ¿Cómo fue el proceso ahí?

C.T.:
Bueno, en el 2016, nosotros en el club donde yo estaba, nada, tuvimos un buen año, teníamos un buen equipo, y llegamos a las finales, quedamos campeones.

Ese año fui uno de los referentes del equipo. En realidad, siempre me tocó asumir ese rol, pero justo en esa temporada competimos en una división muy fuerte y terminé siendo un pilar importante para que lográramos el título.

En ese momento tenía la opción de ir a Envigado o al Deportivo Independiente Medellín, porque los dos ya me habían llamado para hacer pruebas. Incluso hubo una época en la que entrenaba en la mañana con el Medellín y en la tarde me iba a Envigado, todo en el mismo día.

VISIÓN: Estabas ahí entre dos aguas.

C.T.:
Sí, estaba indeciso. En el Medellín me tocó una categoría con jugadores mucho mayores que yo, entonces no hice tantas amistades y me sentía un poco más tímido.

La mayora de los muchachos en el Medellín tenían 19 o 20 años y yo apenas 16, entonces no conectábamos mucho. En cambio, cuando llegué a Envigado encontré un grupo que era como una familia. Estaban jugadores que hoy son referentes, como Juan Manuel Zapata, Iván Angulo u Orlando. Era un grupo del 2001-99 que entrenaba prácticamente siempre junto, y me acogieron de inmediato. Compartí mucho con Jair Meneses y otros de esa categoría, y en Envigado descubrí un fútbol diferente.

Me enseñaban cosas nuevas en cada entrenamiento. Yo venía sin idea de tácticas ni de muchos aspectos del juego, y allí me ayudaron mucho. Recuerdo que con Juan Manuel Zapata siempre trabajábamos juntos; incluso, como yo vivía en un barrio peligroso y él en una zona más tranquila, íbamos juntos a entrenar y a veces me quedaba en su casa. También tuve amigos como Karim, que me apoyaban con los pasajes y me echaban una mano para poder ir a entrenar.

Sentí de verdad la acogida de ese grupo: compañerismo, espíritu, unión. Más que una cantera, era una familia. Y eso me marcó. Por eso, cuando llegó la hora de decidir entre Medellín y Envigado, sabiendo además que Envigado es la mejor cantera del país, me incliné por quedarme allí.

Porque entendí que no solo formaban futbolistas de alto rendimiento, sino también personas. No digo que en Medellín no lo hicieran, pero yo no había tenido esa conexión ni ese compañerismo con el grupo de allá.

En Envigado sí, y por eso terminé eligiéndolo.

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Carlos Terán, defensor central colombiano de 24 años, hoy pieza clave del Chicago Fire en una MLS que sigue en pleno crecimiento.
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Terán sonríe al hablar de sus sueños en la MLS y con la Selección Colombia.



VISIÓN: ¿Cómo fue la llegada al Chicago Fire? Porque uno diría que no es un destino tan mencionado, tan conocido en Colombia.

C.T.:
Fue curioso porque lo de Envigado y Chicago fue como una negociación en una semana.

Cuando debuté en Envigado en el 2019, luego de ese año con Envigado, en el 2020 comienza una nueva temporada y comienza la pandemia. Pero a mitad de año, en la pandemia, yo ya tenía opciones para salir de Envigado. Las opciones eran el Mallorca, de España, Rubín Kazán, de Turquía, el Cádiz y el Valladolid, también de España.

Incluso estuve a punto de ir a Mallorca, me mandaron todo, hablé con los directivos, todo estaba organizado para ir a Mallorca. Y de casualidad, de la nada, las personas de Envigado me llaman a mi casa y me llaman como que no, no vas a ir a Mallorca, vas a ir al Chicago Fire. Yo me quedé con el Chicago Fire, empecé a investigar, empecé a investigar la MLS y todo.

Se reunieron conmigo, fueron a mi casa, se reunieron conmigo y me dijeron que este equipo tiene un gran proyecto, vienen cambiando muchas cosas, quieren proyectar jugadores jóvenes, quieren hacer un proyecto diferente a lo que la gente conoce de la MLS. Y lo dice nuestra nómina actual, las figuras de nuestra nómina son niños de 21, 22 años. Me mostraron un buen proyecto, un proyecto que en realidad no era lo que yo tenía en mi mente, porque lo que conocíamos en Sudamérica de la MLS era más como que oh, que vienen jugadores ya veteranos a retirarse.

Y yo por eso estaba como extrañado, porque yo decía no, pero allá no van más como jugadores que ya están veteranos. Y me decían no, este equipo tiene otra ideología, este equipo tiene otra ideología, por eso estaban comunicándose con nosotros y quieren contar contigo en su proyecto. Y me empezaron a mostrar todo el proyecto y básicamente en una semana ya estaba firmando un contrato con Chicago Fire.

O sea, fue algo totalmente inesperado. Sí, inesperado, o sea, yo me di cuenta un viernes, un viernes, jueves, y al domingo de la siguiente semana estaba ya firmando un contrato y en prácticamente un mes ya estaba volando para acá.

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El Endeavor Health Performance Center, centro de entrenamiento del Chicago Fire, refleja la apuesta del club por la modernización y por el desarrollo de jóvenes talentos como el colombiano Carlos Terán, en sintonía con el crecimiento constante de la MLS.
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"Dios me dio un talento, sí, pero así como me lo dio a mí, se lo dio a muchas otras personas en el mundo. La diferencia no está en el talento que tengas, sino en cómo lo explotas." Carlos Terán



VISIÓN: ¿Cómo fue esa llegada a Chicago? Bueno, no solo la llegada, el invierno, la adaptación, el inglés. Cuéntanos un poquito cómo fue esa llegada a la ciudad del viento.

C.T.:
(Se ríe) La llegada a Chicago, sobre todo para mí, que nací y me crié en Turbo, una zona costera, de mucho calor, de mucha humedad. Y después me voy a Medellín, una ciudad donde no hace frío, aunque tampoco hace tanto calor.

O sea, es un clima muy ambiente, muy tranquilo, por algo le dicen la ciudad de la eterna primavera. Y cuando llego acá me dicen, no, es un poquito frío, pero lo más frío que tenía en mi mente era Bogotá. Entonces llegué aquí y me sorprendí con la nieve y con todo.

Estuve primero un mes y medio, casi dos meses, porque la temporada terminó rápido por el COVID. Y fueron dos meses muy duros para mí. Llegué a inicios de octubre y me fui a finales de noviembre, pero todos los días sufrí. No estaba acostumbrado al frío, a la nieve… nunca había entrenado a esas temperaturas, con ese viento. La verdad, fue un choque muy fuerte.

Fueron dos meses que no salí de mi casa para nada. Solo iba a entrenar y no veía la hora de llegar a la casa a cerrar todo, porque el frío era increíble. Y sí fue muy duro.

La verdad fue muy duro y yo tenía 20 años. Entonces, fue difícil. Pero no, pues ya cuatro años y medio, casi cinco años después, ya ahora siento demasiado calor es en Medellín cuando voy de visita.

VISIÓN: Bueno, y ese proceso de conocer personas nuevas, aquí en Chicago hay una comunidad colombiana y latina muy importante. ¿Cómo es un poco tu día a día con, digamos, ya con esas nuevas amistades que me imagino que has hecho aquí?

C.T.:
Primero también me tocó aprender bastante el idioma. Me tocó, todavía, todavía lucho mucho con el idioma, porque aunque hay muchos latinos, son muchos latinos que nacieron aquí.

Entonces, como que la mayoría no habla muy bien el español. Hablan más inglés que español. Y en el equipo, obvio, pues yo tuve a Guti, a Mauri, que son nacidos aquí, pero sus papás son mexicanos.

Ellos me ayudaron mucho en el tema del idioma. Todavía me enseñan cosas, todavía se ríen y me corrigen pronunciaciones, pero después de más o menos dos años, que me fui más o menos como acoplando, acostumbrándome, pues fue que empecé como a salir un poquito más yo, como a tratar de comunicarme con la gente. Y me di cuenta que sí había muchas personas que hablaban español y que hay una comunidad muy grande de latinos en Chicago.

Y la energía que tienen las personas en Chicago, o sea, la forma de ser es increíble. Y eso me ayudó a acoplarme un poquito más, porque los primeros dos años no salía mucho de casa, no me atrevía a ir a un restaurante porque me daba miedo si no me entendían, si no me podía comunicar. Pero ya después de cierto tiempo, tú te vas acostumbrando, empiezas a aprender, a entender más, y se comienza a convertir en un hogar para ti.

VISIÓN: ¿De qué manera ves tu futuro, tanto en la MLS, donde estás actualmente, pero también cuáles son tus sueños? Me imagino que la Selección Colombia siempre está ahí. El sueño para todo colombiano, incluso para todo sudamericano, es jugar en la selección de su país.

C.T.:
Representar a tu país en un Mundial, en una Copa América, en unas eliminatorias… eso es lo máximo. Y claro, mi sueño más grande es jugar en Europa y en la Selección Colombia. Aunque ya no lo llamo “sueños”, porque después de todo lo que uno ha vivido, el sueño se convierte en realidad del día a día. Ahora lo veo como objetivos: objetivos de carrera, objetivos de vida. Y sin duda, esos dos son los más grandes que tengo.

Además, cuando juegas en la Selección, lo más probable es que termines ganando un título. Porque una vez que estás ahí, es cuestión de tiempo para levantar una Copa América o un Mundial. Ese es el anhelo de todo futbolista.

Y el otro gran objetivo, como el de cualquier niño, es jugar en Europa, en un club grande. El sueño de salir del país, de llegar al máximo nivel. Chicago me dio esa bendición de salir muy joven y ahora lo que sigue es proyectarme, trabajar cada día para hacer respetar este club y, al mismo tiempo, seguir construyendo mi proyecto de vida: representar a Colombia y jugar en Europa en el nivel más alto que existe en el fútbol.

VISIÓN: ¿Qué le dirías a ese Carlos de 8 o 9 años? Y a los niños que en Colombia y en toda Latinoamérica sueñan con llegar a ser profesional y también jugar para su selección.

C.T.:
¿Qué le diría a ese Carlos? Que es un soñador loco. Sí, un soñador loco, porque desde muy pequeño siempre he sido así. Cuando uno llega a una cantera como la de Envigado ve talentos que sorprenden, niños como Johan Erdurán o Yacer Asprilla que, con apenas 12 años, ya hacen pensar: ¿estos niños qué son? Pero yo siempre fui un soñador. Un niño aplicado, trabajador. Y le diría que nunca deje de soñar, porque todo a su alrededor puede cambiar de la noche a la mañana.

Me alegra ser la representación de ese niño soñador, porque todo lo que he logrado, lo que voy a lograr y los objetivos que tengo son fruto del sueño, la perseverancia y el trabajo diario. Dios me dio un talento, sí, pero también se lo dio a muchas otras personas en el mundo. La diferencia no está en tener talento, sino en cómo lo explotas.

Ese Carlos Terán de ocho años entendía que debía aprovechar el suyo. Soñaba despierto y dormido, y lo que me visualicé en ese entonces hoy se refleja en mi vida. Muchas de esas metas se han cumplido y sé que llegará el momento en que miraré hacia atrás y podré tachar toda la lista. Y cuando termine este sueño llamado fútbol, comenzarán otros, porque esto es lo más hermoso que puede tener un ser humano.

El fútbol es imposible de explicar con palabras. Incluso lo malo que trae genera emociones únicas. Hoy lo entiendo y por eso mi objetivo es disfrutar cada momento, porque nada dura para siempre. Sí, tengo 24 años, pero me repito a diario que debo aprovechar cada segundo. Hace apenas cinco años estaba en Envigado, y siete atrás ni siquiera sabía si llegaría a ser futbolista profesional. El tiempo vuela: algunos sueños ya se cumplieron, otros esperan y otros están en camino.

Lo más importante es decirles a los niños que no paren de soñar. Que vivan ese sueño con alegría, porque somos unos bendecidos al practicar este deporte. Conozco a muchos amigos, quizá el 80% de los que me rodean, que quisieron jugar fútbol y no pudieron. Ellos me recuerdan cada día la fortuna que tengo. Muchos me dicen: “Yo daría mi vida por jugar, aunque fuera en la tercera división de la India”.

Por eso, levantarme y, en vez de ir a una oficina, poder ir a una cancha a entrenar, es un regalo. Ellos me hacen ver que no puedo dejar de soñar y que debo disfrutar cada minuto en este deporte. Porque, logremos lo que logremos, ya somos unos bendecidos.

Author

Samuel Mémoli

Periodista, creador de contenidos editoriales y corresponsal de prensa.