La revista latinoamericana
Cargando edición

¿A qué juega Petro?

No es fácil entender la intromisión del presidente colombiano en territorio norteamericano cuando incitó a los soldados estadounidenses a desobedecer a su presidente, Donald Trump. Mucho menos, que unas cuantas horas después de hacerse público el reconocimiento por parte de la Academia al entregar el “Nobel de Paz” a María Corina Machado, Gustavo Petro, totalmente fuera de contexto, le reclame y pida explicaciones a la Nobel por la solicitud de ayuda que hizo hace siete años al entonces presidente argentino Mauricio Macri y al presidente israelí Benjamín Netanyahu para salvar la democracia en Venezuela.

Pongamos esto en contexto: Fidel Castro, Lula da Silva y Raúl Reyes crearon el Foro de São Paulo, plataforma sobre la cual el comunismo se proponía tomarse el continente. Lograron llegar al poder en Argentina con los Kirchner, en Paraguay con el sacerdote Lugo, en Uruguay con Mujica, en Venezuela con Chávez, en Nicaragua con Ortega, en Bolivia con Evo Morales, en Ecuador con Correa y en México con López Obrador, además de los intentos fallidos en Perú con Castillo y en Honduras con Zelaya.

Gustavo Petro también hace parte del Foro de São Paulo, y estas intervenciones absurdas las realiza como miembro de esta organización agonizante, no como presidente. La posición del gobierno colombiano y su tolerancia hacia los grupos guerrilleros y criminales en Colombia también se pueden entender desde esta perspectiva.

Las FARC, las disidencias, el ELN y el Clan del Golfo son carteles de drogas cuyos jefes vivían cómodamente en Caracas, protegidos por Nicolás Maduro. En Colombia operaban con la tranquilidad que les daba Gustavo Petro, quien amarró a la fuerza pública para que no los atacara.

Hugo Chávez, una vez tomó el poder en Venezuela, ordenó al general Hugo “El Pollo” Carvajal montar una estructura que generara los recursos que requería la revolución. De ahí su apoyo a los grupos guerrilleros colombianos, que abandonaron el secuestro y otras fuentes de financiación para convertirse en eficientes carteles de drogas. Toda la droga que producían los carteles colombianos aterrizaba en Caracas, y más tarde se unieron los carteles mexicanos, pues era muy cómodo trabajar bajo el amparo del gobierno bolivariano.

Al morir Chávez, Nicolás Maduro y Diosdado Cabello tomaron el control e intentaron deshacerse de Carvajal, quien huyó a España, donde fue detenido por el gobierno español y más tarde solicitado en extradición por Estados Unidos. Una vez en ese país, reveló toda la información a las autoridades americanas.

También fue extraditado de México a Estados Unidos Ovidio, el hijo del “Chapo” Guzmán, quien entregó información reciente sobre Maduro y los viajes realizados junto a su padre a Caracas.

La presencia de la flotilla americana sobre el Caribe está sustentada en el dictamen que existe sobre algunos líderes del Foro de São Paulo que aún permanecen en el poder. Esto incluye a Ortega y a Díaz-Canel, por eso están tan callados.

Una vez caigan Maduro y Cabello, se sabrá dónde está todo ese dinero recaudado y se destapará la verdad. La flotilla americana no saldrá del Caribe hasta que eso ocurra. Ni Rusia ni China —que inicialmente apoyaron con entusiasmo el Foro de São Paulo— van a intervenir en defensa de Maduro. A Rusia le interesa recuperar el dinero prestado a Venezuela, e imagino que Trump, en la reunión de Alaska, documentó el tema y garantizó el pago por parte del nuevo gobierno que reemplace a Maduro.

Los chinos, que sufrieron la guerra del opio, tampoco van a intervenir, y seguramente también habrán recibido garantías del pago de la deuda que el régimen tiene con ellos.

En ese contexto se entiende por qué Gustavo Petro sigue defendiendo a Nicolás Maduro.

Author

Jorge Barros

Periodista colombiano especializado en temas políticos y económicos. Escritor y director de la revista VISIÓN desde el año 2002.