Inflación monetaria y de promesas electorales en América Latina
Cerramos el año 2021 con la noticia de que Estados Unidos experimentó su mayor inflación en los últimos 40 años, alcanzando una tasa anualizada que alcanzó el 7%, encendiéndose las alarmas en la región latinoamericana, en donde podemos advertir que países como Colombia y Argentina sufrieron las mayores devaluaciones en sus monedas con un 11.59% y 11.32%, respectivamente.
Eso sin contar que, de acuerdo con el último balance preliminar de 2021, elaborado por la CEPAL, se adelanta que 2022, será un año de malas noticias en materia económica, anunciando que “la región de América Latina y el Caribe desacelerará su ritmo de crecimiento en 2022 a 2,1%, luego de crecer 6,2% promedio el año pasado”.
Estos pronósticos han abierto un debate si la inflación será un fenómeno pasajero o no, junto con abrir la interrogante sobre que deberían de hacer los países en nuestra región para enfrentar estos fenómenos inflacionarios, más cuando advertimos que las tasas en Latinoamérica se asemejan a países africanos, lo cual a modo de ejemplo nos dejó en 2021, una inflación de 11.9% en América Latina, en contraste con el 10.6% experimentado en África, mientras que en 2022 se proyectan porcentajes inflacionarios que rondan un 10.4% para la región latinamericana, en contraposición a un 9.5% del continente africano.
Qué hacer cuando leemos estas cifras, seguramente expertos en economía, tratarían de explicarnos que este fenómeno inflacionario encuentra su explicación en la alza de los precios de la energía, la incertidumbre y, en general la falta de inversión, asociada a factores internos como externos, sin embargo, estas respuestas que resultan plausibles desde el punto de vista económico, resultan alejadas de una ciudadanía que se enfrenta día a día con una escalada de precios que los deja en jaque para poder cubrir una necesidad tán básica como es la alimentación.
"Es el caldo de cultivo para la generación de una polarización creciente que demanda por igualdad aquí y ahora".
Jorge Aljovín
Pero, no sólo eso, sino también desnuda una
realidad donde el boom de los 90 que prometía prosperidad y crecimiento sostenido,
hoy demuestra un efecto inverso en donde
las tasas de desocupacion aumentan y, simplemente las economías no pueden dar cobijo a los millones de jóvenes que se quieren
incorporar al mercado laboral o, simplemente
nos pinta un escenario de desigualdad a partir del cual en el barrio más rico de Brasil Alto
Pinheiros, la esperanza de vida es del 80.9
años mientras que los vecinos de la favela de
Cidade de Tiradentes mueren a una edad media de 58.3 años.
Esto no sólo refleja una desigualdad rampante, sino también es el caldo de cultivo
para la generación de una polarización creciente que demanda por igualdad aquí y ahora, sino también nos demuestra que las variables macroeconómicas no pueden, ni deben
leerse alejadas de los fenómenos políticos
vividos en las últimas elecciones en la región
latinomamericana, las cuales no únicamente
han allanado el camino a lo que genéricamente se ha denominado como populismo,
ya sea de derecha o izquierda, sino también a
un rechazo a la tecnocracia suplantada por la
pasión más que la razón cuando se elige un
gobernante.
De ahí que este momento sea crucial en nuestra región, para tomar las riendas desde la ciudadanía y así exigir que los partidos o frentes
de oposición en los diversos países dejen el
discurso reaccionario y polarizante, para lo
cual es necesario y urgente la construcción de
proyectos incluyentes que no solamente lleven a una moderación del debate y la
generación de ideas, porque mucho leemos cómo se critica furibundamente a un
anquilosado populismo latinoamericano,
pero también valgan verdades vemos poco
o nada cuando se trata de alternativas para
llenar esta crisis de autoridad que sufrimos
en América Latina.
Por eso, hoy más que nunca la importancia
del voto será crucial, porque si bien las variables macroeconómicas se encuentran en
la sede de los grandes organismos internacionales, no es menos cierto que las variables
internas dependen de la ciudadanía, porque
sin temor a equivocarnos podemos decir que
la inflación de las promesas electorales hacen
tanto daño como la inflación monetaria.
Por esta razón, no debe pasar desapercibido
que una alineación del mapa político hacia
la derecha o la izquierda en América Latina,
puede ser demoledor ante las proyecciones
económicas de 2022, en donde las elecciones presidenciales que se llevarán a cabo en
Brasil y Colombia, nos podrían dejar una alineación a la izquierda, dejando al naufragio a
Ecuador, Paraguay y Uruguay en la derecha,
pero lo más importante, sin la presentación
de una propuesta disruptiva de centro, que
sin prejuzgar el domicilio ideológico de cada
quien, resulta necesaria en un contexto de
polarización y crisis profunda que nos lleva
al dilema de siempre “pan para hoy, hambre
para mañana”.