¡Abelardo De La Espriella en primera vuelta!
Y las señales evidentes de que eso es posible, además de necesario para salvar la democracia en Colombia e iniciar la construcción de la patria milagro, es el agite, el reguero, el desespero de los de siempre, de esos grupos económicos, grupos de influencia periodística, académica, de esos empresarios, entre comillas, que viven de las vacas amarradas de la teta del Estado con negocios que siempre perjudican a la comunidad, a la competencia, pero que son muy rentables para quienes están cercanos del poder.
¿Quiénes más son los de siempre? Pues la clase política. Todos esos congresistas allá arriados alrededor de Paloma y de Oviedo están ultra preocupados y se habla muchísimo por estos días de la operación Júpiter, pero eso es solo la punta del iceberg.
Cuando los grupos económicos quieren defender su predominio hacia el futuro, se le meten plata en forma y por eso tienen alineadas también sus bodegas, sus jardines de tarjetas y chips para acosar, denigrar y atacar a Abelardo De La Espriella. Pero a eso se le agrega la compra, tal cual, de encuestas que muestran una realidad distinta al sentir popular, a la intención de voto real que hoy favorece ampliamente a Abelardo.
Y el testimonio se los doy yo, que recorro el país todos los días con Abelardo, encontrando un entusiasmo que yo, en mi larga vida —tengo 57 años—, muchos de ellos siendo testigo de excepción de campañas políticas como las de mi tío Álvaro Gómez Hurtado o las de Enrique Gómez Hurtado, campañas presidenciales como las de Andrés Pastrana en su momento, en la primera y en la segunda campaña, en las cuales fui activo y partícipe siendo joven, nunca vi nada, ni siquiera aproximado ni parecido.
Claro, uno a veces llegaba con Álvaro a ciertos pueblos muy conservadores y era un poco la misma sensación que me recuerda hoy Abelardo cuando recorre, ya sea en el Atlántico, en el Nariño o en el Valle del Cauca, para hablar de ejemplos recientes.
Nuestra maravillosa gira por el departamento de Antioquia, en Medellín Metropolitana, en el suroeste, en el norte, vimos y sentimos ese fervor de municipios que, a veces aletargados en el sol del mediodía, se daban cuenta de la llegada de Abelardo y salían multitudes, todos los habitantes, a escucharlo, a tratar de tomarse una foto con él, incluso a tratar de tocarlo para ver si el tigre es de verdad.
Y ese fervor deriva no solo de un mecanismo de comunicación con el pueblo colombiano que es muy poderoso, que son estas redes sociales que estamos usando intensamente a través de muchísimos ciudadanos, muchísimos influenciadores, muchísimas personas que se aburrieron de que nuestra visión de un país, de un país en desarrollo, un país donde los criminales no tengan el poder, donde los corruptos anden escondidos y arrinconados por la justicia, un país donde la seguridad social y el bienestar se alcancen a través del crecimiento económico, del buen empleo y de la acción efectiva y eficaz de un Estado más pequeño, menos costoso, que le meta menos la mano al bolsillo a los ciudadanos.
Todos aquellos que vemos esa nación milagro que nos promete y a la cual nos quiere invitar Abelardo De La Espriella llevamos décadas viviendo de la censura.
Y esa censura, ¿dónde se ejercía? En los medios de prensa tradicionales, cooptados por el establecimiento, por ese régimen que asesinó a Álvaro Gómez y que hoy está desesperado porque no es eficaz en las redes sociales. Hoy el grueso, la mayoría largamente de la población colombiana obtiene su información de distintas redes sociales y la obtiene a través del WhatsApp, y ahí los poderosos, los de siempre, no controlan el mensaje, no controlan la ideología, no controlan esa búsqueda de valores y esas propuestas de soluciones que están recogidas en la doctrina de la extrema coherencia y en el plan de gobierno de Abelardo De La Espriella.
Esa es la variante y esa es la que se niegan a entender tanto los politiqueros de siempre como los grupos económicos que han manejado este país, como muchos de esos grandes líderes que dicen que han estado y que tienen muchísima credibilidad porque han estado en el Estado durante décadas como ministros, como embajadores, como miembros del Congreso y que no han logrado precisamente sacar al país no solo de esta crisis horrible de seguridad, sino que tampoco lograron defender al país del acceso al poder de Gustavo Petro.
Al contrario, muchos de ellos aplaudían cuando Gustavo Petro ganó las elecciones. Decían: “Qué bueno que la izquierda gobierne”. Hoy, cuatro años después, el país está en ruinas, el país está en llamas.
La violencia acosa a más de 500 municipios en toda Colombia y nuestros niños son reclutados con impunidad por los terroristas, por los narcotraficantes. Los padres no saben si sus hijos vuelven por la noche cuando salen en las ciudades, a la escuela, a la universidad, al parque, a divertirse o a una rumba. Viven sobrecogidos por la inseguridad urbana.
Y teníamos un sistema de salud poderoso, construido de manera excepcional y que tenía un gasto de bolsillo mínimo, realmente mínimo comparado con muchos países de igual nivel de desarrollo y mínimo comparado con los países desarrollados. Y la izquierda, para apropiarse los recursos, para fortalecer a sus sindicatos, para imponer un escenario de control a través de la estatización de la salud, lo destruyó, y los de siempre no hicieron nada, no dijeron nada, no se aparecieron con nada y se quedaron mirando en la banca diciendo: “Ay, ya vienen las instituciones”. No llegaron.
Se intervinieron más de 9 EPS que controlan el 60% de los usuarios y hoy asistimos en las postrimerías de este gobierno a la rapiña de última hora cuando le entregan Nueva EPS con 11 millones y medio de usuarios a un conocido corrupto como Jorge Iván Ospina, alcalde nefasto de la ciudad de Cali, que dejó esa bella ciudad en ruinas.
Esa inconformidad que sí sufren y que sí sienten el grueso de los ciudadanos de Colombia no la quieren ver los de siempre. Ellos creen que publicando encuestas chimbas, encuestas con las encuestadoras de siempre de bolsillo, a las cuales han venido contratando durante décadas, van a transformar esta elección en un ring del miedo de decir la cosa más absurda: que Paloma no puede pasar a segunda vuelta porque no tiene los votos, pero que sí es la única que le puede ganar a Petro.
¿Cómo así? Eso es como en un partido de fútbol o en un torneo. Si usted no puede llegar a la final, no puede ser campeón. Y solo Abelardo puede llegar a la final. Sobre eso no hay ninguna discusión.
Esto es una carrera de dos. Esto es una carrera entre Iván Cepeda y Abelardo De La Espriella. Es una carrera entre la dictadura y la destrucción de nuestras libertades y la democracia y la protección de nuestras libertades, de nuestro derecho a la propiedad, de producir, de generar, de crecer, de educar libremente a nuestros hijos y profesar nuestra fe.
Esta es una batalla entre quien, como Iván Cepeda y Gustavo Petro, lleva toda su vida justificando el terrorismo, el asesinato de nuestros soldados y policías.
Un hombre como Iván Cepeda y todo el santísimo que está con los de siempre respaldando a Paloma dijeron que había que construir un ente burocrático funesto como la JEP. Más de 14.000 indultos ha otorgado la JEP y muchos se refieren a actos y conductas de las FARC de lesa humanidad que atentaron no solo contra los jóvenes, los niños, el reclutamiento sexual, la siembra de minas quiebrapatas, el asesinato a mansalva de nuestros soldados y policías y de ciudadanos secuestrados, todo indultado.
Eso es lo único que deja la JEP, que este año cuesta 777.000 millones de pesos operarla. Cuando la mayoría de las salas que están ahí, llenas de lagartos, llenas de arrimados, llenas de corbatas, ya deberían haber terminado sus funciones por vencimiento de plazos. Hoy en la JEP solo cabría la existencia de la sala de decisión del tribunal y debemos buscar eso, reducir a su mínima expresión y anular ese templo de impunidad que es la JEP.
Por eso, porque la gente siente que la paz fue un fraude. La gente está inconforme con el cambio que nos prometió Gustavo Petro, porque la gente está aburrida de las noticias todos los días de corrupción.
No más miren las recientes revelaciones de la directora del DAPRE, Angi Rodríguez, que no se excuse porque ella fue partícipe de muchas de esas trapisondas y ahora la echan diciendo que es que ella está defendiendo un billón de pesos más que se quiere robar Gustavo Petro con su camarilla en el Fondo de Adaptación.
La gente está cansada de que no llegue la receta médica completa. Antes, el grueso de la medicación terapéutica de Colombia era asumida por el sistema institucional, por el plan obligatorio de beneficios, y hoy la gente tiene que sacar de su bolsillo, en un escenario de carestía terrible, para completar y mantener y continuar los tratamientos porque las EPS, en su mayoría intervenidas por el gobierno, no entregan.
Y en cambio hacen sufrir a los pacientes, hacen sufrir a sus cuidadores yendo a los puntos centralizados de entrega donde no está la medicación.
Otra de las cosas que tiene la gente, y la tiene además furiosa, sin lugar a dudas, es este hecho de que siempre con Petro y con los de siempre hay más impuestos. Te meten la mano al bolsillo por una cosa o por la otra.
Como ya las reformas tributarias no le pasan a Petro en el Congreso, se inventan los decretos de emergencia, una violación total del régimen liberal de democracia representativa. Se elige el Congreso con la misión fundamental de establecer la vigencia de un principio clásico de la democracia: que no hay impuestos sin representación. Petro se ha brincado eso una y otra vez y va recaudando y robando mientras la Corte Constitucional duerme el sueño de los justos y a veces se demora meses permitiendo la vigencia de estos decretos que generan tributos ilegales, arbitrarios y que siguen ahogando la economía.
Y la gente también está cansada de la carestía. Era previsible. Se les dijo, se les advirtió, y han traído al país, a toda la economía, a un inicio de un proceso inflacionario que a quien más golpea y primero golpea es a los más humildes de Colombia.
Es ahí, en ese caldo de inconformidad, en esa tensión constante que viven los ciudadanos por la inseguridad, por el deterioro de su calidad de vida, por el aumento de las tarifas de energía y la incertidumbre sobre el apagón, que Abelardo se va concretando cada día que pasa como la única opción, la única opción de un cambio radical porque es definitivamente independiente.
Si no lo fuera, no lo estarían persiguiendo con injurias, calumnias, falsas encuestas, ataques personales, denigración y desprecio los que han gobernado al país durante los últimos 40 años.
Esa señal es poderosa y ya se oye la voz. Tal vez en los estratos altos, en la izquierda caviar aquí en Bogotá, tal vez en las universidades de lujo, no gusta Abelardo. Tal vez a los comentaristas de prensa enchufados, que llevan décadas en las mesas de opinión de la prensa tradicional y que nunca pierden el puesto porque siempre están con el poder, tampoco.
Pero en la ciudadanía, en los estratos 1, 2, 3 y 4, en el gran potencial electoral del país, en todas las edades, en hombres y en mujeres, ya se siente y se vive el fervor y la convicción de que Abelardo puede ganar, y eso depende de que nos activemos.
Y este mensaje más dilatado es porque se ha venido generando una nueva campaña. Yo la sufrí. Salvación Nacional y su lista al Senado la sufrieron. Es la campaña del “no vote su voto”.
Una campaña infame, una campaña ruin, una campaña de perdedores, una campaña de tergiversadores que no debemos acatar.
No se dejen confundir con esa teoría absurda de que quien no pasa a la segunda vuelta es el único que puede ganar. Eso es absurdo. No se dejen, amigos, dañar el oído.
Este es un mensaje de optimismo. Vienen tiempos nuevos. Abelardo es una ventana de oportunidad única para darle duro a los criminales, a los corruptos, para reducir el tamaño del Estado, volverlo eficiente con criterios del sector privado y darle la oportunidad a otros.
Colombia está llena de buenos perfiles. No tienen que ser los de siempre los únicos que, habiendo fracasado, deben ostentar el poder.
Los dejo con esta misión. Nos quedan 40 días. 40 días maravillosos para seguir estimulando el fervor con los amigos, con los compañeros de trabajo, en el barrio, con la familia, con los conocidos, y a través de WhatsApp darle duro a difundir los mensajes de Abelardo, que es un mensaje positivo de una patria milagro que nos va a hacer orgullosos a todos y, sobre todo, va a impedir que el cáncer del comunismo, del marxismo radical de Iván Cepeda destruya el futuro de nuestros hijos.
Por eso, todos sigamos firmes por la patria y firmes por Abelardo.
Y si tienes amigos que duden y no entiendan el momento político, mándales este artículo y esta explicación, en la cual me tomo más tiempo porque creo que no podemos bajar la guardia. Debemos seguir con la meta clara.
Colombia necesita el triunfo de Abelardo en la primera vuelta.
Gracias, amigos, y sigan apoyando a todos aquellos que respaldamos en las redes la aspiración del tigre y, obviamente, seguimos firmes por la patria.