Lula reelegido: ¿quiénes ganan y quiénes pierden?
En un resultado imprevisto para la mayoría de los analistas, Luiz Inácio “Lula” da Silva derrotó a Flávio Bolsonaro en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Lula demostró una vez más su enorme capacidad política para revertir el resultado adverso de la primera vuelta y conservar el poder. La continuidad en Brasilia del octogenario presidente durante, al menos, los próximos cuatro años tendrá un impacto regional innegable.
Con el 51,79 % de los votos, frente al 48,21 % obtenido por Bolsonaro, Lula consiguió una victoria histórica que lo llevará a ejercer la presidencia por cuarta vez. El resultado rompió una tradición electoral brasileña: hasta entonces, ningún candidato que hubiera perdido la primera vuelta había logrado imponerse en la segunda. La derrota sorprendió especialmente a la derecha, que había llegado al balotaje con ventaja y confiaba en recuperar el Palacio de Planalto.
Las elecciones también confirmaron la fortaleza del bolsonarismo, que obtuvo el respaldo de casi 60 millones de brasileños y conserva una considerable representación en el Congreso. Lula deberá gobernar con una oposición que controla una parte importante del Parlamento y negociar con los partidos de centro para aprobar sus principales iniciativas. La campaña electoral terminó, pero la disputa por el rumbo político y económico de Brasil continuará durante los próximos cuatro años.
Desde la redacción de VISIÓN analizamos quiénes ganan y quiénes pierden con esta importante elección para la región.
Revés político para Milei
El primer afectado por el resultado del balotaje es, sin dudas, Javier Milei. El Presidente argentino se involucró personalmente en la campaña de Bolsonaro e incluso celebró como propio el triunfo de este en primera vuelta. Milei viajó a Brasil en julio para respaldar al candidato del Partido Liberal y apostó por un triunfo que parecía cercano luego de la primera vuelta.
La realidad económica argentina tuvo una utilización política muy clara durante la campaña brasileña. Lula confrontó a Bolsonaro en un debate mostrando directamente los efectos negativos de la “motosierra” del modelo económico libertario. Esta elección deja entrever lo que pareciera ser un deterioro en el discurso de Milei a nivel internacional.
El resultado electoral representa un revés para Milei y profundiza su ya tensa relación con Lula.
Aunque la derrota de Bolsonaro pega en el aspecto simbólico y político del inquilino de la Casa Rosada, la continuidad de Lula puede tener consecuencias favorables, principalmente en el ámbito geopolítico. Milei mantiene su condición de aliado especial de Donald Trump en el sur del hemisferio, incluso llegando a poder presentarse como contrapeso a la influencia de la izquierda en la región. Con Lula ocupando el Palacio del Planalto, Milei conserva su lugar como interlocutor privilegiado de los Estados Unidos.
El presidente libertario conserva también un enemigo ideológico contra quien polarizar, ante la cercanía de las próximas elecciones presidenciales. Es probable que Washington incluso intensifique su atención hacia la Argentina.
Un triunfo de la derecha en Brasil habría incorporado a este país a la competencia por la atención del presidente estadounidense.
Trump pierde un aliado, China conserva su principal socio en el hemisferio
La derrota del senador también tiene consecuencias en Washington. Donald Trump había encontrado en el clan Bolsonaro a un aliado ideológico en América Latina. Una victoria de Flávio habría permitido fortalecer las relaciones políticas entre los Estados Unidos y Brasil. Con Lula por cuatro años más en el poder, ese escenario tendrá que esperar.
El mandatario brasileño ha defendido una política exterior que intenta mantener relaciones con las grandes potencias sin depender exclusivamente de Washington. Los intereses de Brasil son amplios y sus relaciones con la primera potencia del mundo continúan.
La victoria de Lula frena el dominó de elecciones ganadas por la derecha en la región. También devuelve al carismático líder al centro del protagonismo internacional, algo que no parecía posible apenas unos días atrás.
China es uno de los beneficiarios de esta elección
El gigante asiático es el principal socio comercial de Brasil y un comprador fundamental de su producción agrícola y minera. La continuidad del líder del PT en el gobierno ofrece estabilidad y garantías a una relación que tiene un peso considerable en ambas economías.
El intercambio comercial entre ambos países alcanzó un récord de 171.000 millones de dólares en 2025, con un superávit favorable a Brasil de aproximadamente 29.000 millones. La soja, el petróleo y el mineral de hierro encabezan las exportaciones brasileñas hacia China, mientras que los productos industriales y tecnológicos chinos encuentran un mercado cada vez mayor en la economía sudamericana. Esta relación, fortalecida durante los gobiernos de Lula, ha convertido a Brasil en una pieza fundamental de la estrategia comercial de Pekín en América Latina.
El presidente chino, Xi Jinping, felicitó personalmente a Lula por su reelección y destacó la importancia estratégica de las relaciones bilaterales. Ambos mandatarios comparten el interés de fortalecer los BRICS y ampliar la participación de las economías emergentes en las decisiones internacionales. Para China, conservar en Brasilia a un interlocutor dispuesto a mantener una política exterior independiente de Washington constituye una ventaja diplomática en medio de su creciente rivalidad con Estados Unidos.
La izquierda latinoamericana celebra
La reelección de Lula fue recibida con euforia por los principales dirigentes de la izquierda latinoamericana. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, calificó el resultado como una “bocanada de aire fresco para América Latina y el Caribe”, mientras que el expresidente colombiano Gustavo Petro, quien se encuentra envuelto en graves acusaciones de corrupción y explotación sexual, aseguró que la victoria había detenido el avance del fascismo en Brasil. Desde Chile, el expresidente Gabriel Boric agradeció a Lula por mantener viva la esperanza, y en Uruguay, el presidente Yamandú Orsi se comunicó personalmente con el mandatario brasileño para felicitarlo. A las celebraciones se sumaron el presidente cubano Miguel Díaz-Canel, el guatemalteco Bernardo Arévalo y el expresidente ecuatoriano Rafael Correa, prófugo de la justicia en su país.
En Argentina, Cristina Fernández de Kirchner comparó la jornada electoral brasileña con el histórico 17 de octubre peronista, mientras que Axel Kicillof y Sergio Massa destacaron la capacidad de Lula para dar vuelta una elección que parecía perdida. La continuidad del Partido de los Trabajadores al frente de la mayor economía latinoamericana adquiere especial importancia para las fuerzas progresistas, que habían sufrido importantes derrotas electorales durante el último lustro.
El Congreso no será de Lula
La victoria de Da Silva no le deja el camino libre. El Partido Liberal de Bolsonaro obtuvo la mayor representación en ambas cámaras del Congreso: 121 de los 513 diputados y 29 de los 81 senadores. El Partido de los Trabajadores, en cambio, contará con apenas 70 diputados y 10 senadores. La distribución parlamentaria coloca al presidente en una posición difícil, obligado a negociar con las fuerzas de centro y de derecha para conseguir la aprobación de sus proyectos. El bolsonarismo perdió la presidencia, pero fortaleció su presencia en el Congreso, desde donde podrá condicionar buena parte de la agenda legislativa y obstaculizar las reformas del nuevo gobierno.
La situación económica tampoco se ve de color rosa. Brasil debe sostener el crecimiento, contener el gasto público y responder a las demandas sociales de una población que espera mejoras concretas en sus condiciones de vida. Lula conoce estas dificultades: ya gobernó el país durante dos períodos consecutivos, entre 2003 y 2010, cuando las condiciones internacionales favorecieron la expansión de la economía brasileña. Esta vez encontrará un escenario distinto, con mayores tensiones comerciales entre las grandes potencias y una oposición dispuesta a disputar cada una de sus decisiones.
